Un mes después, Victoria volvió a caminar sin sentir que cada paso era una negociación con su cuerpo. No estaba completamente recuperada y los médicos insistían en recordárselo con una frecuencia que Adrián parecía agradecer demasiado, pero ya podía bajar las escaleras sin ayuda constante, sentarse a desayunar con Camille y Mathis, revisar documentos durante un par de horas y salir al jardín cuando la casa empezaba a sentirse demasiado estrecha. La prensa había perdido parte del interés inicial, aunque algunos reporteros seguían apareciendo de vez en cuando frente a las rejas, esperando una imagen nueva o una frase mal dicha.
Adrián se había vuelto insoportablemente atento.
Victoria lo pensaba con una mezcla de ternura y exasperación. Revisaba sus horarios de medicamentos sin hacer escándalo, cambiaba reuniones para acompañarla a consultas, pedía menús que respetaran las indicaciones médicas y aparecía en la puerta de la biblioteca justo cuando ella intentaba cargar más carpetas de las permitidas.
—No pienso discutir contigo por tres documentos —le había dicho una tarde.
—Entonces no discutas —respondió él, quitándoselos de las manos—. Déjame cargarlos.
—Eres CEO de una empresa, no mi asistente.
—Puedo ser ambas cosas si eso te mantiene fuera del hospital.
Victoria había querido molestarse, pero terminó sonriendo.
No todo era perfecto. A veces la protección de Adrián rozaba el exceso, y ella tenía que recordarle que sanar no significaba vivir vigilada. Lo sorprendente era que él escuchaba. No siempre a la primera, porque seguía siendo Adrián Montenegro y la paciencia no borraba de golpe años de control, pero escuchaba.
Camille y Mathis también habían encontrado su lugar en la rutina. Camille seguía siendo seria, protectora, pendiente de que Mathis no hablara demasiado alto cuando Victoria descansaba. Mathis, en cambio, dejaba dibujos en cualquier superficie disponible, muchos de ellos con Victoria en el centro, como si su presencia diera sentido a la casa que para él todavía era enorme.
Regina permanecía en la mansión bajo restricciones.
No hablaba mucho con Victoria, pero tampoco la atacaba con la misma libertad de antes. Había algo calculado en su silencio, una prudencia que no parecía rendición sino espera. Clara, asignada a ella desde aquel día, se movía con el rostro más apagado que antes, y aunque Victoria había querido preguntarle varias veces si todo estaba bien, Adrián siempre estaba demasiado cerca o Clara encontraba una excusa para retirarse.
Aquella mañana, Victoria bajó vestida para salir.
Adrián la esperaba en el vestíbulo, revisando algo en su teléfono. Al verla con bolso y varios documentos entre las manos, levantó la mirada.
—Vas a la oficina.
—Sí.
No lo dijo como pregunta, sino como una decisión ya tomada lo que provoco que Adrián guardara el teléfono.
—¿El médico lo autorizó?
—Por tres horas. Nada de jornadas largas, nada de estrés excesivo, nada de cargar peso y nada de café. Ya sé el discurso.
Él se acercó y le quitó los documentos con naturalidad.
—El café sigue siendo negociable.
—No lo es.
—Entonces llevaré té.
Victoria lo observó, esperando la oposición que no llegó. Una parte de ella había pensado que Adrián intentaría detenerla, no solo por su salud, sino por Daniel. Sus celos no habían desaparecido; ella los había visto en la forma en que apretaba la mandíbula cada vez que el nombre de Daniel aparecía en una conversación.
—No vas a decirme que no vaya —dijo.
Adrián la miró.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....