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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 207

Victoria llegó al restaurante con la decisión de permanecer solo una hora.

Se lo había repetido durante todo el trayecto, mientras el auto avanzaba por calles iluminadas y su teléfono vibraba dentro del bolso con mensajes que no revisó. Había avisado en la mansión que tendría una reunión de trabajo, aunque no habló directamente con Adrián porque, al salir de la oficina, Laura la había retenido con unos documentos y Daniel había insistido en que los inversores ya estaban esperando.

No era una mentira porque la reunión existía.

Al entrar, Victoria encontró una mesa reservada en un salón privado, cuatro hombres de traje, una mujer elegante de mirada analítica y Daniel de pie, recibiéndola con una sonrisa que parecía cansada, pero correcta. Nada en la escena sugería peligro ni engaño. Había carpetas, tablets, muestras del proyecto y un mesero sirviendo agua mineral. Todo era tan profesional que por un momento se sintió injusta por haber dudado de él.

—Gracias por venir —dijo Daniel, apartando una silla para ella.

—Solo podré quedarme una hora.

—Lo sé. No te pediré más.

La cena comenzó sin sobresaltos. Hablaron de presupuesto, alcance, tiempos y materiales; Victoria explicó el concepto general con la seguridad que recuperaba cada vez que volvía a su terreno, y los inversores escucharon con interés. Incluso cuando el cansancio empezó a pesarle en la espalda, logró sostener la conversación porque conocía el proyecto mejor que nadie. Sin embargo, conforme los platos fueron retirándose y la charla se volvió menos técnica, algo cambió.

—Debo decirlo, Victoria —comentó uno de los inversores con una sonrisa demasiado cómoda—. Se te nota diferente desde que te separaste de Adrián Montenegro. Más libre, quizá.

Victoria sintió que los cubiertos pesaban más en sus manos.

Daniel bajó la mirada hacia su copa, pero no intervino.

—Mi vida personal no forma parte del proyecto —respondió ella.

La mujer sentada frente a Victoria inclinó la cabeza.

—Desde luego, aunque resulta imposible no verlo en las noticias. La prensa lo ha presentado como una especie de renacimiento para usted.

Renacimiento, Victoria pensó en la habitación de hospital, en la tina preparada por Adrián, en los brazos que la habían sostenido cuando las piernas dejaron de responderle, en las noches donde el miedo seguía llegando aunque ella no quisiera admitirlo. Nada de eso se parecía a un renacimiento elegante.

—La prensa no conoce mi vida —dijo.

Otro hombre sonrió.

—Pero conoce lo suficiente para entender que salir de una relación marcada por la sombra de tu hermana tuvo que ser liberador.

Victoria alzó la mirada, la sombra de Fernanda.

La frase le recordó años de comparaciones, silencios familiares y mesas donde su dolor siempre parecía menos urgente que la fragilidad de su hermana. El salón privado se volvió más estrecho, y aunque el aire no faltaba, ella sintió que respirar exigía demasiado esfuerzo.

—No me separé de Adrián por Fernanda —dijo, con más firmeza de la que sentía.

Daniel la miró entonces.

—Victoria…

Ella no le dio espacio para suavizarla.

—Y tampoco estoy lejos de él. Adrián y yo seguimos juntos, y tan pronto la ley lo permita, volveremos a casarnos.

El silencio que siguió fue incómodo.

La mujer inversionista fue la primera en recomponerse.

—Entiendo. Lamento si el comentario fue imprudente.

Victoria asintió apenas.

—Agradezco que volvamos al proyecto.

La reunión terminó veinte minutos después con un acuerdo favorable. Los inversores parecían satisfechos, Daniel agradeció su tiempo y Laura, que había acompañado a Victoria hasta la entrada pero no pudo quedarse por otra llamada, habría estado feliz de escuchar el resultado. Aun así, Victoria no sintió satisfacción. Sentía el cuerpo pesado, la mente irritada y una incomodidad creciente que ya no podía atribuir solo al cansancio.

Cuando el último inversor salió del salón privado, Daniel cerró la carpeta con una calma estudiada.

—Lo hiciste muy bien.

Victoria tomó su bolso.

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