Durante un segundo, Victoria miró por la ventana del auto y vio las luces de la ciudad pasar como líneas borrosas, ajenas a la inquietud que empezaba a cerrársele en el pecho. La culpa volvió de inmediato, pesada y conocida, mezclándose con las palabras de Alejandro Reyes y con la imagen de Daniel debilitado por una cirugía que ella seguía creyendo hecha por salvarla.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Victoria, apretando el teléfono.
—No lo sé. Se puso pálido, empezó a respirar mal y dijo que no quería que le dijéramos nada a su padre. Luego pidió por ti.
Victoria cerró los ojos un instante.
Daniel había salvado su vida. Eso era lo que ella creía. Más allá de las dudas, más allá de las discusiones, más allá de la incomodidad que a veces le provocaban sus palabras sobre Adrián, había un hecho que no podía borrar: si Daniel no hubiera aceptado aquella cirugía, ella quizá no estaría en ese auto, respirando, intentando reconstruir una vida al lado del hombre que amaba.
—¿Ya llamaron al hospital? —preguntó.
—Sí. La ambulancia viene en camino. Victoria, sé que esto es mucho, pero él no se calma. Dice que necesita verte.
El chofer la miró por el retrovisor, esperando alguna indicación.
Victoria bajó la vista a su teléfono. La pantalla seguía mostrando las llamadas perdidas de Adrián, los mensajes sin responder. El pecho se le volvió apretar con una angustia distinta.
Todo parecía empujarla en direcciones opuestas.
—Laura —dijo al fin—, escúchame. No puedo decidir esto sin hablar antes con Adrián.
Del otro lado hubo un silencio breve.
—¿Vas a decirle?
—Sí.
—Daniel puede sentirse peor si no llegas.
Victoria tragó saliva. La frase no fue dicha con mala intención, pero cayó justo sobre la culpa que ya la estaba doblando por dentro.
—Lo sé.
—No quiero presionarte, pero si lo vieras…
—Laura, por favor —la interrumpió Victoria, con voz suave pero firme—. No me hagas elegir desde la culpa.
Su amiga guardó silencio.
—Perdón —dijo después—. Tienes razón. Es solo que estoy asustada.
—Yo también.
Victoria miró otra vez el teléfono. Intentó marcarle a Adrián, pero la llamada no salió. La señal subía y bajaba de manera irregular, como si la ciudad hubiera decidido interponerse justo cuando más necesitaba una respuesta. Volvió a intentarlo y la llamada se cortó antes del segundo tono.
—No entra la llamada —murmuró.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....