Adrián bloqueó la pantalla antes de que Victoria pudiera leer el mensaje. No quería ocultarle información, pero tampoco iba a entregarle una acusación anónima sin comprobarla. Después de todo lo ocurrido entre ellos, una sospecha presentada como verdad podía destruir la confianza que apenas comenzaban a recuperar.
—¿Pasó algo? —preguntó Victoria.
—Recibí información sobre el expediente del trasplante.
—¿Qué información?
Adrián miró hacia el pasillo.
—Todavía no sé si es auténtica. Voy a verificarla antes de decírtelo.
Victoria tensó el rostro.
—Te pedí pruebas, no que investigaras a mis espaldas.
—Y por eso te estoy diciendo que llegó. No voy a esconderlo, pero tampoco quiero mostrarte algo que quizá fue fabricado para enfrentarnos.
La respuesta la obligó a detenerse. Adrián estaba siendo prudente, aunque esa prudencia también despertaba miedo.
—¿Es grave?
—Podría serlo.
Antes de que Victoria insistiera, la enfermera salió y se acercó a ella.
—El señor Reyes volvió a pedir que entre. Dice que hablar con usted es importante para su recuperación.
Adrián apretó el teléfono, pero no intervino. Victoria lo observó unos segundos.
—Entraré sola esta vez.
—Lo sé.
—No porque Daniel lo exija, sino porque necesito escuchar lo que quiere confesar y no quiero venir mañana.
—También lo sé.
Victoria pareció sorprendida por la facilidad con la que aceptó.
—Esperaré aquí —añadió Adrián—. Si necesitas que entre, llámame.
Ella asintió y cruzó la puerta.
Daniel seguía recostado, aunque su respiración ya no parecía tan trabajosa. Al verla sola, relajó las manos sobre la sábana.
—Gracias por volver.
—Dijiste que necesitabas confesarme algo.
—Siéntate, por favor.
Victoria ocupó la silla más alejada de la cama. Daniel notó la distancia.
—No tienes que tratarme como si fuera peligroso.
—No lo hago. Solo quiero saber por qué me pediste entrar.
Él guardó silencio, como si llevara años preparando aquellas palabras y aun así no supiera cómo decirlas.
—No quiero interferir entre tú y Adrián.
—Ya lo estás haciendo al condicionar esta conversación a que él no esté presente.
Daniel recibió el señalamiento con una expresión herida.
—Tienes razón. Quizá no debí pedirlo, pero hay cosas que no puedo decir frente al hombre que te hizo sufrir.
—Lo que ocurrió en mi matrimonio no te concede derechos sobre mí.
—Nunca dije que los tuviera.
Victoria esperó.
Daniel se incorporó con cuidado.
—Tenías razón estoy enamorado de ti.
Ella no respondió. La confesión no la sorprendió por completo, pero escucharla eliminó todas las explicaciones con las que había intentado justificar su cercanía. Victoria no bajó la mirada, aunque la confesión seguía moviendo demasiadas certezas dentro de ella.
—Desde la universidad —continuó él—. Antes de Adrián, antes de tu matrimonio y antes de que volvieras a trabajar conmigo. Nunca conseguí olvidarte.
—En la universidad jamás hablábamos.
—Yo te veía más de lo que imaginas. Siempre estabas detrás de Fernanda, resolviendo trabajos que otros terminaban presentando como propios. Todos miraban a tu hermana y yo me preguntaba por qué nadie se detenía en ti.
Victoria sintió incomodidad. Las palabras parecían reconocer una herida que llevaba años cargando, pero también mostraban que Daniel había construido una versión de ella sin permitirle conocerlo de verdad.
—Si sentías eso, pudiste acercarte.
—No pertenecía a tu mundo y tus padres les dejaron a todos muy en claro que clase de pretendientes aceptarían para ti.
—Tampoco me preguntaste qué mundo quería yo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....