Marcos permaneció sentado frente a la cama, observando los movimientos inquietos de Fernanda. A pesar de la dosis que le habían administrado, ella fruncía el ceño y tiraba débilmente de las correas que sujetaban sus muñecas. Cada intento terminaba con una contracción de dolor.
Él sabía de dónde venía.
Había esperado años para volver a tenerla delante sin Adrián, sin sus padres y sin el apellido Altamirano imponiéndose entre ambos. Sin embargo, aquella no era la escena que había imaginado.
La conoció durante una exhibición universitaria a la que entró con una invitación prestada. Fernanda estaba rodeada de jóvenes con apellidos conocidos y conversaciones que él apenas comprendía. Ella lo descubrió mirando una obra que detestaba.
—Puedes decir que no te gusta —comentó.
—Pensé que aquí cobraban por mentir con educación.
Fernanda soltó una carcajada y eso bastó para que Marcos olvidara que no debía llamar la atención.
—¿Quién eres?
—Alguien que no volverán a invitar si descubren cómo entró.
Ella debió alejarse. En cambio, pasó el resto de la noche a su lado.
Marcos no pertenecía a su mundo y esa diferencia se convirtió en el centro de la atracción. Con él, Fernanda podía quejarse de sus padres, de las decisiones tomadas en su nombre y del compromiso con Adrián. Él no la trataba como a la heredera perfecta. Al menos, eso quiso hacerle creer.
Las primeras reuniones fueron casuales. Después comenzaron las llamadas ocultas, los departamentos prestados y las excusas para desaparecer durante horas.
—Si Adrián te hiciera feliz, no estarías aquí —le dijo Marcos una noche.
—No lo menciones cuando estamos juntos.
—¿Por qué? Él siempre está entre nosotros.
Fernanda lo besó para terminar la discusión, pero los celos ya habían comenzado a crecer dentro de él.
Marcos estaba enamorado, pero, también era ambicioso, y ambas cosas se mezclaron hasta que dejó de distinguir una de la otra. Imaginaba a Fernanda rechazando el matrimonio, enfrentándose a su familia y eligiéndolo frente a todos. Estaba convencido de que los Altamirano terminarían perdonándola. Cuando le permitieran regresar, tendría que hacerlo con él a su lado.
No sería solo el amante que ayudó a la hija mayor a escapar. Se convertiría en su esposo, participaría en sus negocios y ocuparía el sitio que hombres como Adrián recibían desde que nacían.
—No quiero tu dinero —le aseguró cuando Fernanda cuestionó sus planes.
No era una mentira completa. La quería, pero también deseaba todo lo que llegaría con ella.
El accidente destruyó aquella certeza.
Marcos la siguió hasta el hospital y observó desde lejos cómo ambas familias ocuparon los pasillos. Nadie preguntó por él. En los informes era apenas el hombre que caminaba cerca de Fernanda antes de que un vehículo la golpeara. Aprendió a entrar por accesos secundarios y a pagar por silencios.
La visitó muchas veces durante los tres años que permaneció en coma.
Nunca lo hizo a plena luz del día. Esperaba a que su familia y Adrián se marchara, memorizaba los cambios de guardia y utilizaba el nombre de un empleado dispuesto a dejarlo pasar. Entrar en secreto alimentaba su resentimiento: Adrián podía caminar por la puerta principal, mientras él debía esconderse para acercarse a la mujer que también había compartido su vida.
Algunas noches se sentaba junto a ella y hablaba de los boletos que nunca utilizaron.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....