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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 233

Marcos cerró la puerta después de asegurarse de que el guardia hubiera regresado al pasillo. Fernanda continuaba recostada, con los ojos cerrados y la respiración irregular. Durante varios minutos creyó que no despertaría, pero ella movió lentamente una mano.

—Fernanda.

Sus párpados se abrieron. La confusión duró poco. En cuanto reconoció el rostro frente a ella, intentó apartarse.

—No me toques.

Marcos retiró la mano.

—No iba a hacerlo.

Fernanda miró las correas alrededor de sus muñecas y después las vendas que cubrían su costado.

—Tú estabas ahí.

Él no fingió no entender.

—Sí.

—Ayudaste a llevarme al hospital.

—Daniel dijo que Victoria moriría si no recibía el trasplante.

—Así que decidiste que podían quitarme una parte del cuerpo.

—Me aseguró que no estarías en peligro.

Fernanda soltó el aire con dificultad.

—Y le creíste porque te convenía.

Marcos se quedó callado. Había repetido demasiadas veces que aceptó para salvar a Victoria, pero esa explicación ocultaba la parte que más le avergonzaba. Daniel también le ofreció una forma de conservar a Fernanda.

—Pensé que después podríamos irnos —admitió.

—¿Después de mantenerme sedada y atada?

—No sabía que esto continuaría así.

—Pero sabías que yo no había aceptado.

Marcos bajó la mirada.

—Sí.

La respuesta fue suficiente para terminar cualquier intento de justificación.

Fernanda trató de incorporarse, pero el dolor la obligó a detenerse. Marcos acercó una almohada sin tocarla.

—He reducido las dosis.

—¿Por qué?

—Porque cada vez estás peor.

—Eso no responde mi pregunta.

Marcos se sentó frente a la cama.

—Daniel no piensa liberarte.

—Eso ya lo sé.

—Quiere trasladarte. Escuché a uno de los médicos preguntar cuánto tiempo deben esperar antes de realizar otro procedimiento.

Fernanda palideció.

—¿Qué procedimiento?

—No lo dijeron.

—Pero tú sabes lo que significa.

Marcos apretó las manos.

—Daniel habló de mantenerte disponible si Victoria vuelve a necesitar algo.

Fernanda miró su costado. La crueldad de Daniel era evidente, pero otra verdad resultaba imposible de evitar: ella se negó a ayudar a Victoria cuando todavía podía decidir. Prefirió protegerse y conservar la posibilidad de recuperar a Adrián. Ahora vivía las consecuencias de un crimen que no merecía, aunque sus propias decisiones hubieran contribuido a llevarla hasta allí.

—¿Victoria sabía? —preguntó.

—No.

—¿Sabía que yo era la donante?

—Daniel se aseguró de que creyera que fue él.

Fernanda cerró los ojos.

—Quería que ella se sintiera en deuda.

—Sí.

—Y tú aceptaste.

—Acepté demasiadas cosas.

Ella volvió a mirarlo.

—¿Esperabas que despertara agradecida? ¿Que regresara contigo porque me habías mantenido viva?

Marcos no respondió enseguida.

—Pensé que podríamos recuperar lo que teníamos.

—Nunca quisiste recuperarlo. Querías que yo no pudiera rechazarte.

—No es cierto.

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