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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 7

Victoria llegó a la reunión diez minutos antes.

No quería parecer desesperada, pero tampoco quería llegar tarde. Había revisado su carpeta tres veces antes de salir de casa y, aun así, al entrar al edificio sintió una inseguridad que le molestó reconocer.

El lugar no era lujoso, pero tenía movimiento. Personas entrando y saliendo con muestras, planos, carpetas y computadoras. Nadie sabía quién era Adrián Montenegro. Nadie la miraba como la esposa de alguien ni como la hermana de Fernanda.

Ahí solo era Victoria.

Y eso la ponía nerviosa.

—¿Victoria Altamirano? —preguntó una recepcionista.

Ella asintió.

—Sí, tengo cita con el señor Reyes.

—Puede pasar. La esperan en la sala dos.

Victoria agradeció y caminó por el pasillo con la carpeta contra el pecho. Al llegar, encontró a Laura sentada junto a un hombre de unos treinta y tantos años. Él se levantó de inmediato al verla.

—Victoria, qué gusto conocerte —dijo con una sonrisa tranquila—. Soy Daniel Reyes.

—Mucho gusto.

—Laura me habló muy bien de ti.

Victoria miró a su amiga con cierta incomodidad.

—Espero que no haya exagerado.

Laura sonrió.

—Solo dije la verdad.

Daniel le indicó una silla.

—Siéntate, por favor. Revisé tu propuesta preliminar anoche y quiero hacerte algunas preguntas.

Victoria se sentó y abrió la carpeta. Esperaba comentarios generales, tal vez una revisión rápida antes de que le dijeran que lo pensarían. Pero Daniel tomó una copia del plano y señaló una de las modificaciones.

—Aquí redujiste el material sin comprometer el soporte. ¿Pensaste en producción en serie desde el inicio?

Victoria se sorprendió por la pregunta.

—Sí. Si el diseño se queda solo en lo estético, el costo sube demasiado. La idea era mantenerlo funcional y fácil de fabricar.

Daniel asintió.

—Eso me gustó. Muchos diseñadores presentan algo atractivo, pero no siempre consideran el proceso.

Victoria sintió que no sabía dónde poner las manos. No estaba acostumbrada a que alguien escuchara sus ideas con atención real.

—También ajusté el ángulo de apoyo —añadió—. En el modelo anterior podía haber desgaste con uso constante.

Daniel revisó la hoja.

—Lo noté. ¿Tienes experiencia con mobiliario?

—No de manera reciente. Trabajé en proyectos universitarios y luego hice algunas colaboraciones pequeñas.

—¿Por qué lo dejaste?

La pregunta fue directa, pero no invasiva.

Victoria sostuvo el lápiz entre los dedos.

—La vida cambió.

Laura bajó la mirada, como si entendiera todo lo que Victoria no dijo.

Daniel no insistió.

—Bueno, lo importante es que el criterio sigue ahí. Tu propuesta tiene potencial.

Victoria levantó la mirada.

—¿De verdad?

—No lo diría solo por amabilidad. Hay que trabajar detalles, pero la base es buena.

Victoria sintió una emoción tranquila y extraña. No era euforia. Era algo más sencillo. La sensación de que una parte de ella, una que había dejado guardada durante años, todavía podía servir para algo.

—Gracias —dijo.

Daniel sonrió.

—No me agradezcas todavía. Si aceptas continuar, necesitaremos una segunda revisión con costos, materiales y una propuesta de presentación para el cliente.

Victoria se enderezó.

—Puedo hacerlo.

Necesito que vengas al hospital. Mi madre preguntó por ti. La familia espera que estés presente.

Victoria leyó la frase dos veces.

No decía cómo estaba. No preguntaba dónde estaba ella. No preguntaba si podía ir. Solo le recordaba el papel que todos esperaban que cumpliera.

Laura notó el cambio en su rostro.

—¿Todo bien?

Victoria guardó el teléfono.

—Tengo que ir al hospital.

—¿Por Fernanda?

—Sí.

Laura no dijo nada durante unos segundos.

—Victoria, acabas de salir de una reunión importante.

—Lo sé.

—No tienes que correr cada vez que te llamen.

Victoria miró hacia la puerta por donde Daniel había desaparecido.

Por una hora había sido una profesional. Alguien con ideas. Alguien a quien escuchaban.

Ahora volvía a ser la esposa correcta de Adrián Montenegro.

—Tal vez todavía no sé cómo dejar de hacerlo —dijo.

Laura la miró con tristeza, pero no la detuvo.

Victoria salió del edificio con la carpeta contra el pecho.

Daniel Reyes había visto en ella una capacidad que ni su familia ni Adrián parecían recordar.

Adrián, en cambio, seguía viéndola como una obligación familiar.

Y aunque no se atrevió a decirlo, esa diferencia empezó a doler de una manera distinta.

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