Victoria llegó al hospital poco después del mensaje de Adrián.
Había pasado por la casa solo para cambiarse y dejar la carpeta del proyecto en su escritorio. Le habría gustado quedarse ahí, revisar sus notas, avanzar en algo que sí dependiera de ella. Pero el mensaje de Adrián seguía en su teléfono como una orden disfrazada de necesidad familiar.
La familia espera que estés presente.
Victoria entendía muy bien lo que eso significaba.
No la necesitaban como esposa. La necesitaban como parte del cuadro correcto. La mujer que debía estar ahí para que nadie hablara de más, para que todo pareciera estable mientras Fernanda mostraba señales de mejoría.
Al llegar al piso de neurología, encontró a varias personas reunidas cerca de la habitación. Regina Montenegro, su suegra hablaba con un médico. Ernesto e Isabel Altamirano estaban sentados juntos. También estaban algunos tíos y conocidos cercanos de ambas familias.
Todos parecían contenidos, atentos, esperanzados.
Victoria se acercó con calma.
—Buenas tardes —saludó.
Isabel se levantó de inmediato.
—Victoria, al fin llegas.
No fue un reproche abierto, pero sonó parecido.
—Vine en cuanto pude.
Regina la miró de arriba abajo, como si evaluara si su presencia era suficiente.
—Adrián está con el médico. Fernanda tuvo otra reacción esta mañana.
—Me alegra saberlo —dijo Victoria.
Y era verdad.
Al menos una parte de ella quería que fuera verdad.
Su mirada se dirigió hacia la puerta entreabierta de la habitación. Desde ahí no alcanzaba a ver a Fernanda, pero sabía que Adrián estaba dentro o muy cerca. Siempre estaba cerca cuando se trataba de ella.
—El doctor dice que aún hay que esperar —comentó Ernesto—, pero todo apunta a que podría haber avances.
—Eso sería bueno —respondió Victoria.
Una tía de Adrián se acercó a Regina y habló en voz baja, aunque todos alcanzaron a escuchar.
—Si Fernanda despierta, habrá que poner las cosas en orden.
El pasillo quedó en una pausa incómoda.
Nadie dijo la palabra divorcio. Nadie mencionó el matrimonio de Victoria. No hacía falta.
Todos entendieron.
Victoria sintió varias miradas caer sobre ella y luego apartarse rápido, como si de pronto su presencia estorbara. Isabel bajó la vista. Ernesto acomodó unos papeles que no estaba leyendo. Regina se quedó seria, pero no corrigió a la mujer.
Adrián salió de la habitación justo en ese momento.
Victoria lo miró.
Él había escuchado.
La expresión de Adrián cambió apenas. Se quedó quieto, con la mano todavía cerca de la puerta. Por un instante, Victoria esperó que dijera algo. No una defensa enorme. No una escena. Solo una frase sencilla que recordara a todos que ella era su esposa.
Adrián no habló.
El golpe no vino del comentario. Vino de su silencio.
Victoria sostuvo la postura.
No podía reaccionar. Si lo hacía, todos la verían como una mujer celosa, egoísta, incapaz de alegrarse por su propia hermana. Así que respiró con calma y se acercó a Regina.
—¿Necesitan que haga algo?
Regina pareció aliviada de poder cambiar de tema.
—El doctor pidió actualizar unos datos del seguro. Adrián no ha tenido tiempo y tu padre tampoco tiene la información completa.
—Yo puedo revisarlo.
Adrián la miró entonces.
—No es necesario.
Victoria le sostuvo la mirada.
—No me cuesta hacerlo.
Él pareció querer decir algo más, pero no lo hizo.
Victoria siguió a una enfermera hasta el mostrador. Revisó formularios, confirmó datos, entregó copias digitales desde su teléfono y corrigió una fecha equivocada en el expediente. Nadie le pidió disculpas por cargarle el trámite. Nadie pareció notar que acababan de dejarla expuesta frente a todos.
Ella cumplió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....