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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 79

Victoria llegó a la ciudad del viaje con toda su documentación contra el pecho y una maleta pequeña.

No era un destino lejano, pero al bajar del auto frente al hotel donde se realizarían las reuniones, sintió que la distancia con la mansión Montenegro era mayor que cualquier kilómetro. No había pasillos donde Regina pudiera aparecer con una instrucción disfrazada de consejo. No había habitaciones donde Fernanda pudiera necesitar algo justo cuando Victoria intentaba avanzar. No había una mesa familiar esperando que ella se sentara en silencio.

Solo trabajo.

Agenda.

Clientes.

Una vida que empezaba a pedirle presencia completa.

Daniel bajó detrás de ella con una caja de muestras.

—¿Lista?

Victoria miró la entrada del hotel, luego la carpeta.

—No del todo.

—Eso suele ser mejor que llegar confiada de más.

Ella soltó una respiración breve.

—Qué forma tan elegante de decir que se me nota el miedo.

—Se te nota la responsabilidad —corrigió él—. El miedo no decide por ti.

Victoria lo miró un segundo.

—Gracias.

—No por eso. En media hora empieza la reunión con los proveedores.

Laura apareció desde el lobby, agitando una libreta.

—Ya revisé la sala. Tiene pantalla, mesa amplia y suficiente café para mantenernos vivos.

Victoria casi sonrió.

—Entonces no tenemos excusa.

La primera reunión fue más tensa de lo previsto. Uno de los proveedores cuestionó el uso de cierto material para la línea principal y sugirió cambiarlo por una opción más barata. Daniel iba a intervenir, pero Victoria levantó apenas la mano.

—Déjame responder.

Él asintió.

Victoria abrió su carpeta y colocó dos muestras sobre la mesa.

—La alternativa reduce costo inicial, sí. Pero también cambia la textura, la resistencia y el mensaje de la pieza. Si el cliente busca algo que parezca común, podemos ahorrar. Si busca una línea con identidad, este material sostiene mejor el concepto.

El proveedor cruzó los brazos.

—Eso aumenta el margen de riesgo.

—No si ajustamos producción por etapas —respondió ella—. Una primera serie limitada nos permite medir recepción sin comprometer volumen total.

El hombre la observó con más atención.

—¿Tiene ese cálculo?

Victoria giró una hoja.

—Aquí.

Daniel no dijo nada. Laura tampoco. La dejaron tomar el espacio.

Y Victoria lo hizo.

Corrigió cifras, defendió una decisión técnica y aceptó modificar un punto sin sentir que ceder era perder. Al salir de la sala, Laura le apretó el brazo con emoción.

—Eso fue maravilloso.

Victoria negó con la cabeza.

—Fue una reunión.

—Fue tu reunión —dijo Daniel.

Ella miró el pasillo amplio del hotel, lleno de gente que no sabía nada de su matrimonio ni de su lugar incómodo en la familia Montenegro.

Por primera…

Se detuvo mentalmente antes de completar la frase.

No necesitaba nombrarlo así.

Solo sabía que se sentía menos culpable por ocupar espacio.

Mientras tanto, en la mansión, Adrián cenaba con Regina, Isabel y Fernanda.

La mesa estaba impecable. El servicio, perfecto. Fernanda hablaba de su terapia con una suavidad que habría bastado para llenar cualquier silencio antes. Regina comentaba llamadas de la fundación. Isabel preguntaba por la próxima revisión médica.

Todo seguía en orden.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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