Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 81

Victoria regresó a la mansión Montenegro con un contrato firmado.

No era solo un acuerdo profesional. Era la confirmación de que podía entrar a una sala llena de inversionistas, defender su trabajo y salir de allí con algo construido por ella misma.

El viaje la había cambiado.

No de forma evidente. Seguía siendo la misma mujer serena, cuidadosa y contenida. Pero había más firmeza en su manera de caminar, de sostener la mirada, de entrar a la casa sin sentir que debía justificar su ausencia.

Clara la recibió en el vestíbulo.

—Señora, bienvenida. ¿Le ayudo con la maleta?

—Gracias. Déjala junto a la escalera, por favor.

—El señor Adrián preguntó varias veces a qué hora llegaría.

Victoria asintió sin sorpresa.

—Ya estoy aquí.

No alcanzó a dar más de dos pasos cuando Adrián salió del despacho.

Había escuchado su voz.

Se detuvo frente a ella y su mirada bajó primero a la maleta, luego a la carpeta que sostenía contra el pecho.

—Llegaste tarde.

Victoria miró el reloj del vestíbulo.

—Llegué a la hora prevista.

—No me dijiste cuál era.

—La agenda cambió después de la última reunión.

Adrián se acercó un poco.

—¿Cómo estuvo el viaje?

—Bien.

—¿Solo bien?

Victoria notó la ansiedad detrás de la pregunta. Antes habría intentado calmarlo. Habría explicado cada reunión, cada retraso, cada comida, como si necesitara demostrar que no había hecho nada indebido.

Esta vez no sintió culpa.

—Firmamos el contrato —dijo.

Adrián miró la carpeta.

—¿Ya es definitivo?

—Sí. La primera etapa empieza la próxima semana.

—¿Con quién estuviste durante las reuniones?

Victoria sostuvo su mirada.

—Con el equipo.

—¿Daniel estuvo contigo todo el tiempo?

La pregunta llegó tan rápido que no pudo fingir que era casual.

Victoria respiró despacio.

—Estuvo en las reuniones que le correspondían.

—¿Y fuera de ellas?

—Adrián.

Él tensó la mandíbula.

—Solo pregunto.

—No. Estás intentando reconstruir mis días como si todavía tuvieras derecho a revisar cada hora.

La frase lo incomodó.

—Soy tu esposo.

—Eso no te convierte en mi supervisor.

Adrián miró alrededor. Clara ya se había retirado con discreción. El vestíbulo estaba vacío, pero la tensión hacía que el espacio pareciera demasiado reducido.

—Podrías haber avisado más —dijo—. Ni siquiera respondiste varios mensajes.

—Estaba trabajando.

—Podías responder en algún momento.

—Podía. Elegí hacerlo cuando tuviera tiempo.

Él la miró como si no reconociera del todo esa versión suya.

Victoria no era desafiante. No levantaba la voz. Solo ya no se apresuraba a aliviar su incomodidad.

—El proyecto va a exigirme más presencia fuera de la mansión —continuó—. Algunas noches me quedaré cerca del taller o de las oficinas cuando tengamos reuniones temprano.

Adrián se quedó quieto.

—¿Qué significa “algunas noches”?

—Exactamente eso.

—¿Ya decidiste pasar menos tiempo aquí sin hablarlo conmigo?

—Estoy informándotelo.

El tono sereno de Victoria le dolió más que una discusión.

—No puedes actuar como si esta casa fuera un hotel.

Ella miró las escaleras, los cuadros, el vestíbulo impecable que durante años había intentado sentir propio.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO