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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 88

Al día siguiente la llamada del licenciado Rivas llegó poco después del mediodía.

Victoria estaba en el estudio pequeño, revisando los últimos ajustes del proyecto, cuando vio su nombre en la pantalla. Cerró la computadora antes de responder.

—Licenciado.

—Victoria, tengo noticias sobre el proceso.

Ella se enderezó en la silla.

—Lo escucho.

—La revisión legal quedó completada. No se presentó ninguna oposición porque Adrián todavía no ha recibido la notificación definitiva. Con los documentos que firmaste, el proceso está listo para entrar en su etapa final.

Victoria guardó silencio.

—¿Eso qué significa exactamente? —preguntó.

—Que pronto tendremos que notificarlo formalmente. Después habrá un plazo para su respuesta y algunos pasos adicionales. Todavía no están divorciados, pero el proceso está muy avanzado.

La explicación era clara.

Aun así, Victoria sintió que algo se detenía dentro de ella.

Durante tres años había llevado el apellido Montenegro. Había organizado una casa, cuidado compromisos ajenos y esperado que Adrián la mirara como algo más que la mujer que ocupó el lugar de Fernanda.

Ahora estaba cerca de dejar todo eso atrás.

—¿Victoria? —preguntó Rivas.

—Estoy aquí.

—¿Quieres que avancemos?

Miró la habitación.

Había menos cosas que semanas atrás. Algunas carpetas ya estaban en la oficina. Varias prendas habían sido donadas. Las cartas y fotografías permanecían guardadas lejos. Cada espacio vacío era una decisión que había tomado sin hacer ruido.

—Sí —respondió—. Avancemos.

—Prepararé la notificación. Te llamaré antes de entregarla.

—Gracias.

Terminó la llamada y dejó el teléfono sobre el escritorio.

No celebró.

No sintió alivio completo.

Solo una tristeza serena, parecida a la que aparece cuando una despedida deja de ser una posibilidad y empieza a tener fecha.

Abrió el armario.

No necesitaba llevarse demasiado.

Sacó ropa sencilla, documentos personales y algunos objetos de trabajo. Dejó los vestidos que pertenecían a eventos Montenegro, las joyas elegidas por Regina y varios regalos que nunca sintió propios.

Extendió una maleta sobre la cama y comenzó a ordenar.

Clara tocó la puerta poco después.

—Señora, ¿necesita ayuda?

Victoria se giró.

La mujer miró la maleta abierta y no logró ocultar la preocupación.

—Solo estoy preparando algunas cosas.

—¿Se va de viaje otra vez?

Victoria sostuvo su mirada.

—No.

Clara entendió.

—¿Se marcha de la casa?

—Sí.

La respuesta quedó entre ambas.

Clara bajó los ojos.

—Esta casa va a sentirse distinta sin usted.

Victoria sintió que la emoción le subía a la garganta.

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