Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 89

Adrián regresó a la mansión cerca de la ocho de la noche.

Entró al vestíbulo mientras se aflojaba la corbata. Clara no estaba en su sitio habitual y, aunque las luces permanecían encendidas, la casa se sentía demasiado quieta.

No se trataba del silencio normal de la noche, sino de una ausencia que no tardó en inquietarlo.

Adrián miró hacia la escalera.

—¿Victoria?

Nadie respondió.

Subió con una inquietud que aumentaba a cada paso. Cuando pasó frente al estudio pequeño, notó que la puerta estaba abierta y se detuvo.

La habitación estaba más ordenada de lo habitual.

Faltaban las carpetas sobre la mesa, las muestras de materiales y la libreta que Victoria siempre dejaba junto a la computadora. El estante donde guardaba sus documentos también estaba casi vacío.

Adrián entró.

—Victoria.

La llamó otra vez, aunque para entonces ya sabía que no se encontraba allí.

Cruzó el pasillo hasta llegar a la habitación de invitados y abrió la puerta. El armario estaba vacío en su mayor parte. Solo quedaban algunos vestidos que Victoria ya no utilizaba, varias cajas cerradas y algunos objetos relacionados con reuniones familiares.

La maleta pequeña había desaparecido, al igual que sus documentos personales y las fotografías que guardaba en el cajón.

Adrián sintió una fuerte presión en el pecho mientras negaba en silencio lo que tenía frente a él.

Caminó hacia el escritorio y entonces vio la carta.

El anillo descansaba encima de la hoja.

Durante unos segundos, Adrián fue incapaz de tocar alguno de los dos objetos. Miró la alianza como si no comprendiera por qué estaba ahí.

La había visto llevarla durante tres años, en cenas, hospitales, reuniones y largos silencios. Incluso cuando él no la había tratado como a una esposa, ella había conservado aquella señal de un matrimonio que creyó que podía convertir en algo verdadero.

Ahora el anillo se encontraba sobre una hoja.

Adrián tomó la carta y comenzó a leer. Avanzó por las primeras líneas, pero cuando llegó a No me voy para castigarte ni para obligarte a perseguirme, tuvo que detenerse.

Lo primero que sintió fue incredulidad.

Victoria no podía haberse marchado de aquella manera, sin hablar con él, sin esperar y sin darle otra oportunidad para decir algo distinto.

Volvió a leer la carta.

No me busques por culpa ni porque el silencio de la mansión te resulte incómodo.

Adrián apretó la hoja entre sus dedos.

—¿Qué hiciste? —murmuró.

No sabía si aquella pregunta estaba dirigida a Victoria o a sí mismo.

Debajo de la carta había una carpeta legal. Adrián la abrió con las manos tensas y reconoció de inmediato el nombre del licenciado Rivas, la solicitud formal y varios documentos relacionados con el proceso de divorcio.

El trámite todavía no estaba concluido. Aún faltaban notificaciones, plazos y respuestas, pero ya no se trataba de una amenaza pronunciada durante una discusión.

Era un proceso avanzado.

Victoria había firmado los documentos y había tomado sus propias decisiones. Mientras él continuaba pidiendo tiempo, ella había preparado una salida.

Después llegó la rabia, aunque no estaba dirigida únicamente contra Victoria.

También estaba molesto con el abogado, con la familia Altamirano y con Daniel, aunque sabía que probablemente no tenía ninguna relación con aquello. Estaba furioso con su madre por haber tratado a Victoria como alguien reemplazable y con Fernanda por ocupar siempre el centro de cada una de sus dudas.

Sin embargo, la mayor parte de aquella rabia estaba dirigida contra sí mismo.

Tomó el teléfono y llamó una vez. Al no obtener respuesta, lo intentó una segunda y una tercera vez, pero la llamada no entró.

Probó de nuevo, aunque obtuvo el mismo resultado.

Entonces escribió un mensaje.

¿Dónde estás?

Después envió otro.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO