Adrián volvió a tener ocho años y en el sueño no recordaba la mansión, la empresa ni los años que habían pasado desde aquella noche. Solo sabía que estaba sentado en el asiento trasero del coche de su padre, con una entrada arrugada entre los dedos y una emoción que apenas podía contener.
—Mamá se va a enojar —dijo, aunque sonreía.
Su padre lo miró por el espejo retrovisor.
—Solo si se entera.
—Siempre se entera.
—Entonces tendremos que regresar antes que ella.
Adrián acercó el rostro a la ventana. A lo lejos se veían las luces de la feria. La rueda giraba sobre los puestos y la música llegaba apagada por los cristales.
Su madre había dicho que no.
Había mencionado la hora, el frío, el camino y todas las razones por las que debía quedarse en casa.
Adrián había protestado hasta que Regina le ordenó subir a su habitación.
Más tarde, su padre abrió la puerta sin hacer ruido.
—Ponte los zapatos —le dijo.
Adrián lo miró desde la cama.
—Mamá dijo que no podía ir.
—Yo digo que podemos escapar un rato.
—¿Los dos?
Su padre le guiñó un ojo.
—Los dos.
Ahora el coche avanzaba por la carretera y Adrián se sentía cómplice de algo enorme.
—¿Podemos subir a todos los juegos?
—A todos los que alcancemos.
—¿También al que gira?
—Ese no.
—Dijiste todos.
—Ese hace que me duela el estómago.
Adrián soltó una carcajada.
—Entonces yo me subo solo.
—Ni pensarlo.
—Tienes miedo.
—Tengo dignidad.
Adrian volvió a reír, hasta que una luz apareció frente a ellos, un claxon rompió el momento, su padre giró el volante con brusquedad y gritó su nombre.
—¡Adrián!
El golpe llegó de lado, el coche se sacudió con violencia, el cinturón le lastimó el pecho y su cabeza chocó con la puerta antes de que todo quedara en silencio.
Cuando abrió los ojos, no entendió dónde estaba.
El coche había quedado inclinado. Una de las ventanas estaba rota y el techo parecía más bajo. Había metal doblado a su alrededor.
—Papá.
Su voz salió débil.
Intentó moverse, pero el cinturón lo mantenía atrapado. Le dolían las piernas y tenía un brazo bajo su cuerpo.
—Papá, ya no quiero ir a la feria.
No recibió respuesta, lo que provocó mirar hacia adelante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....