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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 97

El padre de Daniel dejó la taza sobre la mesa y lo observó por encima de los lentes.

—¿Vas a confirmarme cuándo conoceré a Victoria o seguirás evitando la pregunta?

Daniel acababa de recibir un mensaje. Lo leyó sin alterar la expresión, aunque una satisfacción discreta apareció en su mirada antes de bloquear la pantalla y guardar el celular.

Las cosas estaban avanzando como esperaba.

—No estoy evitando nada —respondió.

—La semana pasada dijiste que no era el momento y antes aseguraste que ella necesitaba espacio. Empiezo a sospechar que Victoria ni siquiera sabe que quieres presentármela.

Daniel sonrió mientras tomaba asiento frente a él.

—Todavía no se lo he propuesto.

—Entonces tenía razón.

Se encontraban en la biblioteca de la casa familiar, una propiedad más discreta que las mansiones de los Montenegro y los Altamirano, pero llena de recuerdos. Cerca de la ventana permanecía una fotografía de los padres de Daniel durante uno de sus últimos viajes juntos, cuando todavía confiaban en que el tratamiento lograría detener el cáncer.

Su padre dirigió la mirada hacia ella.

—Tu madre habría querido conocerla.

—Lo sé.

—También habría descubierto lo que sientes antes de que tú te atrevieras a reconocerlo. Nunca pudiste ocultarle nada.

La madre de Daniel, hija de un duque y criada en la alta sociedad londinense, perdió el apoyo de su familia al enamorarse de un latino sin fortuna ni apellido reconocido. Aun así, lo eligió y construyó con él una vida lejos de quienes intentaron separarlos, mientras Daniel crecía viendo cómo ambos defendían su matrimonio pese a las diferencias sociales.

—Ustedes consiguieron estar juntos pese a todos los obstáculos —comentó Daniel.

Su padre esbozó una sonrisa triste.

—Tuvimos una buena vida, aunque ahora siento que nunca fue suficiente.

La muerte de su esposa lo había dejado convertido en una versión más silenciosa de sí mismo. Seguía leyendo, asistía a algunas reuniones y mostraba interés por las empresas de Daniel, pero había días en los que apenas abandonaba aquella biblioteca porque allí conservaba gran parte de lo que ella había amado.

—Vivir sin tu madre ha sido una tortura —admitió—. La gente cree que uno supera la pérdida, pero lo único que aprende es a seguir adelante con un espacio que nadie vuelve a ocupar.

Daniel había visto a su padre acompañarla durante cada tratamiento, dormir en una silla junto a su cama y rechazar cualquier ayuda que lo obligara a alejarse. Nunca dudó del amor que existía entre ellos y quizá por eso reconocía con tanta claridad la intensidad de lo que sentía por Victoria.

—Creo que la amo como tú amaste a mamá.

Su padre lo miró con atención.

—Eso es decir mucho.

—Lo sé.

Daniel se había enamorado de Victoria durante su último año en la universidad, cuando ella todavía estudiaba diseño industrial. Nunca coincidieron por la diferencia de edad, pero él buscaba motivos para pasar por el taller donde trabajaba o asistir a las exposiciones en las que presentaba sus proyectos.

Victoria nunca llegó a notarlo.

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