Regina había pasado gran parte del día haciendo llamadas, revisando compromisos de la familia y tratando de anticipar los rumores que podían surgir cuando la separación de Adrián y Victoria dejara de ser un asunto privado. Para ella, cualquier crisis podía controlarse si se preparaba una versión conveniente antes de que los demás inventaran la suya.
Adrián apenas había probado la comida cuando su madre dejó los cubiertos sobre el plato.
—Tenemos que decidir cómo vamos a manejar esto públicamente.
Él levantó la mirada.
—No hay nada que decidir.
—Claro que lo hay. En cuanto la solicitud de divorcio se conozca, todos empezarán a hacer preguntas y no pienso permitir que la familia quede expuesta por falta de previsión.
Adrián dejó el vaso sobre la mesa.
—Mi matrimonio no es una campaña que tengas que dirigir.
—Tu matrimonio afecta el apellido Montenegro, te guste o no. Además, la presencia de Fernanda en la casa ya está generando comentarios.
—Fernanda no tiene nada que ver con el divorcio.
Regina arqueó una ceja.
—Eso no es lo que los demás van a creer, por eso debemos adelantarnos. Podrías aparecer con ella en algunos eventos, mostrar que mantienen una relación cercana y permitir que la gente entienda que ciertas cosas están regresando a su lugar.
Adrián sintió el rechazo antes de que ella terminara.
—No.
—Ni siquiera has escuchado la propuesta completa.
—No necesito escucharla.
Regina tomó aire, intentando conservar la calma.
—Si controlamos la narrativa, podemos presentar el divorcio como una decisión privada entre dos adultos que comprendieron que su matrimonio había cumplido una etapa. Después, con el tiempo, tu cercanía con Fernanda parecerá natural.
—Victoria no fue una etapa.
La firmeza de su voz hizo que Regina guardara silencio durante unos segundos.
—No estoy diciendo eso.
—Es exactamente lo que estás diciendo.
—Estoy pensando en lo que conviene a todos.
—Entonces deja de hacerlo con mi vida.
Regina se recostó en la silla.
—Victoria debería mencionarse lo menos posible. Entre menos explicaciones demos sobre ella, más rápido se apagará el interés.
Adrián apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Nadie va a usar su nombre en comunicados familiares.
—Eso es justamente lo que propongo.
—No. Tú quieres borrarla para sustituirla por Fernanda, y no voy a permitirlo.
Regina lo miró con fastidio.
—Estás confundido por culpa. Victoria se marchó y ahora crees que debes defenderla para compensar lo que no hiciste durante el matrimonio.
Adrián estuvo a punto de responder, pero se quedó callado.
La palabra culpa ya había aparecido demasiadas veces. Regina, Fernanda e incluso él mismo la habían usado para explicar el vacío que sentía desde que Victoria se fue, aunque cada día le resultaba menos suficiente. Bajó la mirada al plato y, sin saber por qué, recordó el sueño que había tenido.
—Soñé con mi padre.
Regina se quedó inmóvil.
El cambio en su expresión fue breve, pero Adrián lo notó. Sus dedos se cerraron alrededor de la servilleta antes de que recuperara la compostura.
—¿Con tu padre?
—Con el accidente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....