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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1304

Lara llegó a casa y encontró a su madre con el rostro demacrado. Su cara, normalmente bien cuidada, parecía haber envejecido varios años de golpe.

Ahora, tenía que mantener la calma y enfrentar la situación junto a su madre. No iba a permitir que su padre y Abril se fugaran con el dinero para vivir una vida de lujos en el extranjero.

Una luz siniestra brilló en los ojos de Lara. Sabía que su padre era un viejo zorro y que Abril era extremadamente inteligente. Ellas dos solas no tendrían ninguna oportunidad.

Pero las pruebas que Santiago tenía sobre los sobornos y las transferencias ilegales de su padre eran el arma definitiva.

Un plan descabellado se formó rápidamente en su mente: usaría a Santiago para amenazar a su padre y exigirle una enorme suma de dinero a cambio de su silencio.

Dejaría que ese padre desvergonzado y Santiago se destrozaran entre ellos.

Sin importar quién ganara, sería un baño de sangre. O su padre terminaba en la cárcel con la reputación por los suelos, o Santiago acababa también tras las rejas por extorsión.

Cuando ambos estuvieran acabados, encontraría la manera de quedarse con esos mil millones.

Lara sabía que su madre no soportaría el golpe, así que decidió no contarle nada. Se encargaría ella misma de resolverlo.

Después de una larga ducha, Lara se acostó en la cama. Además de los problemas familiares, su mente bullía con otros pensamientos. Al final, recordó la imagen de Micaela de ese día, moviéndose con elegancia y seguridad entre los representantes del ejército.

Más que el dinero, en su profesión, lo que más anhelaban era el prestigio.

***

A la mañana siguiente, Micaela abrió la puerta de su casa, lista para llevar a su hija a la escuela, pero se encontró a Gaspar esperándola, recargado en la pared.

—¡Papá! —exclamó Pilar con su vocecita, corriendo a abrazarlo.

—Papá te lleva a la escuela —dijo Gaspar, acariciándole la cabeza antes de mirar a Micaela—. ¿Vienes?

Micaela no había respondido aún, pero Pilar la miró con ojos suplicantes.

—Mamá, ¿puedes venir a dejarme tú también?

Micaela los vio entrar y, unos minutos después, vio a Gaspar y a Jacobo caminando juntos hacia los carros mientras conversaban.

Como Micaela había bajado la ventanilla, sus miradas se cruzaron a unos metros de distancia. Ella le sonrió a Jacobo y asintió levemente. Jacobo, al no ver el carro de Gaspar, entendió la situación. Le devolvió la sonrisa y subió a su propio vehículo.

Gaspar abrió la puerta del copiloto de Micaela y se sentó con una elegancia natural.

Micaela arrancó el carro y siguió al de Jacobo durante un tramo, hasta que sus caminos se separaron.

Jacobo observó por el espejo retrovisor el carro blanco que se alejaba y apretó el volante sin darse cuenta.

¿Acaso no era una metáfora?

Él y Micaela estaban destinados a no ir en la misma dirección. En cambio, Gaspar y Micaela compartían una carrera, una hija; sus vidas giraban en torno a un mismo eje. Eran compañeros de viaje que avanzaban en la misma dirección.

***

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