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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1402

En realidad, Micaela Arias también había estado revisando opciones de vivienda cerca de la escuela estos últimos dos días. No podía negar que él tenía razón: las casas en esa zona escolar, especialmente las residencias y departamentos de lujo con buen entorno y seguridad privada, eran muy solicitadas. Por lo general, las inmobiliarias comunes rara vez tenían acceso a las mejores propiedades.

Además, los precios solían estar inflados por la especulación. Si él tenía los contactos y los medios, todo sería mucho más sencillo y rápido.

Esta vez, Micaela quería comprar una casa grande, de preferencia con un buen jardín para que su hija y Pepa pudieran jugar a sus anchas.

—Está bien —asintió Micaela—. Entonces te encargo que me ayudes a buscar una casa.

Gaspar Ruiz sonrió levemente.

—Hecho. Pondré a mi gente a buscar opciones ahora mismo, haré lo posible para que puedan mudarse antes del primero de septiembre.

Llegó la comida y Gaspar acercó los platos favoritos de ella hacia su lugar. Cambió el tema hacia el nuevo proyecto de investigación de InnovaCiencia Global; quería escuchar la opinión experta de Micaela y, de paso, compartirle su visión sobre el futuro de la empresa.

Micaela lo escuchaba y, poco a poco, se fue relajando. La conversación derivó hacia los preparativos para la primaria de la niña, como la necesidad de contratar un tutor, ya que su inglés hablado aún no era muy fluido.

—Pienso comprarle un poni para ir al hípico los fines de semana a montar —comentó Gaspar con su voz grave.

Al escuchar las palabras «montar a caballo», la mano de Micaela se tensó alrededor del tenedor. En su mente apareció involuntariamente una imagen: la de hace cuatro años, cuando él y Samanta Guzmán llevaron a la niña al hípico y se tomaron esas fotos.

El dolor y la amargura de aquel momento, a pesar del tiempo transcurrido, seguían calándole hondo.

—¿No le habías comprado ya un caballo a Pilar en el hípico? —preguntó Micaela, levantando la vista para mirarlo.

Gaspar se mostró un poco desconcertado.

—Todavía no.

—Recuerdo que hace cuatro años, cuando estuve hospitalizada por la infección viral, tú y Samanta llevaron a Pilar a montar —dijo Micaela directamente.

Gaspar comprendió de inmediato.

—¿Samanta te mandó fotos?

Micaela desvió la mirada y fue honesta:

Micaela se quedó callada un segundo.

—¿Cómo sabes tantos detalles?

—También sé que Jacobo se contagió del virus después de cuidarte. —Gaspar sabía mucho más de lo que Micaela imaginaba.

Micaela se quedó sin palabras.

«¿Acaso él también puso a alguien a vigilarme en ese entonces?»

—Solo fui a verte cuando ya te habías dormido, y tú me confundiste con Ramiro... —Al decir esto, el tono de Gaspar se tiñó de celos y un ligero reproche. En aquel entonces, al ver las fotos de Ramiro desviviéndose por ella y la aparición inesperada de Jacobo Montoya, con dos hombres turnándose para cuidarla mientras él no podía hacer nada más que ir a verla en la madrugada, le dolió que ella lo confundiera con otro.

Micaela no supo qué decir, sinceramente lo había olvidado.

—¿En serio? Lo olvidé, supongo que estaba delirando por la fiebre.

—Ya no importa —dijo Gaspar, justificándola—. En ese momento me lo merecía por hacerte enojar tanto, por hacer que me odiaras. Que alguien más te cuidara fue lo mejor.

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