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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1495

—Qué bien —respondió Micaela con una sonrisa.

Gaspar permanecía de pie a un lado, en silencio, con una expresión indescifrable.

El elevador llegó al piso del salón de eventos. Fernando salió primero y, muy caballeroso, detuvo la puerta presionando el botón de apertura. Micaela le sonrió en agradecimiento y salió junto con Gaspar.

Al salir del elevador, la mirada de Gaspar barrió a Fernando; era una mirada profunda e imponente.

Fernando sintió un escalofrío y entendió de inmediato el mensaje de Gaspar.

Micaela entró al salón. Tadeo y Verónica ya habían llegado. Micaela se dirigió hacia donde estaba Ramiro, rodeado de gente. Ramiro se giró para hablarle y se saludaron con naturalidad.

Detrás de ellos, cierto hombre sintió cómo esa irritación e inseguridad volvían a asomar. Odiaba esa incertidumbre, y jamás imaginó que acabaría sintiéndose tan inseguro como un adolescente.

—Señor Ruiz —saludaron Verónica y Tadeo al acercarse.

Gaspar les asintió y caminó hasta quedar al lado de Micaela. Ramiro también lo saludó con naturalidad:

—Señor Ruiz, qué bueno que vino.

—Felicidades, doctor Ramiro, por el éxito de la presentación —dijo Gaspar, alzando su copa en un brindis simbólico.

—Gracias. Sin el apoyo de Micaela y del Señor Ruiz, el proyecto no habría sido tan exitoso —respondió Ramiro con modestia.

Hoy por hoy, el producto de Ramiro era el más popular en su categoría y el que mejores resultados estaba dando.

—Ramiro, felicidades —brindó también Micaela.

Ramiro miró a Micaela con una sonrisa resignada y levantó su copa de vino tinto. Aunque Micaela sabía que esta noche Ramiro tenía que beber por compromiso, no pudo evitar recordarle:

—Ramiro, no tomes demasiado.

Ramiro asintió.

Gaspar dio un paso adelante, acortando la distancia entre los dos. Su presencia la envolvió al instante.

—No quiero depender solo de nuestra hija para mantener una relación contigo. No quiero que sientas que entre nosotros solo existe el vínculo de Pilar...

Su mirada era más honesta y ferviente que nunca, y en su rostro atractivo se notaba el nerviosismo.

—Quiero volver a pretenderte, Micaela. No quiero que solo seamos los papás de Pilar. Esta vez, déjame conquistarte a ti. ¿Me das una oportunidad?

Micaela sintió como si algo la hubiera golpeado en el pecho. Abrió la boca para hablar, pero tenía la garganta seca.

—No te pido que aceptes ahorita. Solo quiero saber si todavía tengo derecho a intentarlo, ¿puedo? —preguntó Gaspar con la voz ronca y suplicante.

A pesar de que últimamente había hecho mil cosas, lanzando indirectas y mostrando sus intenciones, sentía que no era suficiente.

Sentía que todo lo que hacía solo tendría sentido si Micaela aceptaba explícitamente que él pudiera cortejarla.

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