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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 173

Capítulo 173 Bianca estaba tan ebria que ni siquiera podía abrir los ojos. Se apoyaba sobre ella, a punto de colapsar por el cansancio.

Vanessa la sostenía con gran dificultad. Con su complexión delgada, el peso de su amiga casi le impedía mantenerse en pie.

Rafael arqueó un poco las cejas. En sus ojos profundos no se distinguía ninguna emoción en particular.

—Si no se largan, olvídense de seguir trabajando en este lugar —advirtió.

Esa advertencia iba dirigida al grupo de modelos masculinos.

Los modelos notaron por su porte que no era alguien con quien debieran meterse. Aunque se fueron a regañadientes, se llevaron unos a otros y abandonaron el lugar.

El número dieciocho se alejó casi al borde de las lágrimas, volteando a verlas a cada paso que daba.

Era una verdadera lástima.

¡No todos los días aparecían mujeres jóvenes y adineradas!

Lo más importante era que, según lo que había dicho la mujer ebria, la otra todavía conservaba su primer beso. Si lo hubiera elegido, quién sabe quién habría salido ganando.

En cuanto los modelos se marcharon, el lugar recuperó la paz.

Rafael miró de reojo a Bianca, la apartó de los brazos de Vanessa y se la entregó a Leonardo.

—Llévala a su casa —ordenó.

El tono de Rafael era cortante y no admitía ninguna negativa.

Vanessa abrió la boca con obvia preocupación.

—Yo la llevo... —murmuró.

Antes de que pudiera terminar la frase, Rafael la interrumpió con tono desinteresado.

—Tranquila, él sabe cómo cuidarla muy bien — aseguró—. Después de todo, él no es el número dieciocho, así que dudo mucho que a tu amiga le interese —añadió.

Sus comentarios resultaron tan incisivos que terminaron ofendiendo a varias personas al mismo tiempo.

Vanessa se quedó sin saber qué decir.

Mientras sostenía a Bianca, Leonardo notó la indirecta y no tardó en protestar.

—Rafa, explícate bien. ¡Que no haya malentendidos! Yo todavía tengo mucho que ofrecer —exclamó.

—Ya basta de estupideces, mejor llévala a su casa.

—Sergio Villalobos se rio.

Enseguida, Rafael le pidió a Vanessa la dirección de la casa de Bianca y se la envió a Leonardo.

Antes de irse, Leonardo le hizo un gesto cómplice a Vanessa.

—Vanessa, Rafa es una joya de primer nivel — comentó con tono burlón.

Vanessa se puso tan roja como un tomate maduro.

Leonardo se llevó a Bianca. Sergio se despidió de Rafael y luego le dirigió una sonrisa a Vanessa.

Aunque no lograba distinguir con claridad la expresión de sus ojos, la actitud que él proyectaba resultaba bastante intimidante.

Vanessa meditó las cosas un momento y reconoció que su comportamiento de esa noche había sido excesivo.

Dio un paso al frente y le ofreció una disculpa con sinceridad.

—Lo que pasó hoy fue por mi culpa. Te prometo que me encargaré de que no vuelva a suceder una situación así —aseguró.

Rafael arqueó las cejas, la observó en silencio durante un par de segundos y luego se dio la vuelta para continuar su camino por las escaleras.

Vanessa se quedó bastante confundida.

Sin lograr descifrar si él seguía molesto o si ya se le había pasado el enojo, se apresuró a seguirlo hacia el piso de arriba.

Para cuando ella entró a la habitación, Rafael ya se había quitado el saco del traje. Estando de espaldas, levantó una mano para aflojarse el nudo de la corbata.

Una camisa blanca combinada con unos pantalones de vestir oscuros resultaba ser el mejor atractivo para cualquier hombre. Aquellas prendas lograban resaltar las proporciones impecables de su figura, dejando muy por debajo a todos esos supuestos modelos que habían visto en el bar.

No existía ningún punto de comparación.

Vanessa meditaba en todo aquello, quedándose abstraída por unos instantes.

De pronto, una voz profunda resonó por encima de su cabeza.

—¿Todavía sigues recordando los abdominales del número dieciocho? —preguntó él.

—Para nada. —Vanessa levantó la cabeza.

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