Capítulo 174 Al fijar la mirada, notó que Rafael tenía la camisa desabotonada, dejando al descubierto un torso con músculos bien marcados.
La luz delineaba a la perfección la marcada línea en V de su abdomen, dándole un aire tan cautivador como inalcanzable.
A Vanessa le faltó el aire por un segundo; se sonrojó y su corazón empezó a latir con fuerza.
Tenía un cuerpo excelente.
En comparación con él, el número dieciocho no le llegaba ni a los talones.
—Solo fue que Bianca bebió de más por su ruptura amorosa. Era una broma... —explicó Vanessa con torpeza, tras pasar saliva de forma inconsciente.
—¿Ah, sí? ¿Una broma? —cuestionó él.
Rafael acortó la distancia entre los dos y continuó con un tono ronco:
—Fui yo quien no cumplió con sus deberes de esposo y por eso tuviste que salir abuscar con quién entretenerte.
¿Por qué sentía que estaba empeorando las cosas con su explicación?
—Claro que no, me estás levantando falsos.— Vanessa levantó la mirada hacia él, con la cara enrojecida y una clara expresión de molestia—. Por muy buenos abdominales que tuviera el número dieciocho, ni siquiera lo toqué —añadió.
—¿Y te quedaste con las ganas? —preguntó él.
Rafael entrecerró los ojos; enseguida le sujetó la muñeca a Vanessa y la obligó a poner la mano sobre su abdomen.
—¿No te gustan los abdominales? Toca, son gratis.
Vanessa guardó silencio.
Sus delgados dedos quedaron presionados contra los firmes músculos de él. Al sentir la textura bajo las yemas, ella los apretó un poco casi por instinto.
Estaban muy duros y firmes.
Se sentían muy bien al tacto.
Vanessa volvió a acariciar su abdomen, sin percatarse de que la mirada de Rafael se volvía cada vez más penetrante.
—Si mi esposa buscaba ganar experiencia, ¿por qué ir detrás de un modelo de club en lugar de aprovechar a su legítimo esposo? —preguntó—.
¿Qué tienen ellos de especial? —insistió.
A Vanessa le pareció que esa última pregunta estaba cargada de celos.
Su cerebro no procesó bien la situación en ese momento, así que repitió en voz alta el discurso de Bianca:
—Pues son jóvenes y tienen energía de sobra.
—¡Vanessa! —exclamó él con severidad.
Con un tono grave y una actitud sombría, Rafael se inclinó hacia ella. Le sujetó el mentón y murmuró:
Vanessa no se percató de la oscuridad que se arremolinaba en la mirada de su esposo. Al recordar las extrañas circunstancias que los habían llevado a casarse, bajó la mirada.
—Si en serio no puedes tolerar lo que pasó hoy, no tengo problema en que nos divorciemos —ofreció ella.
Afin de cuentas, su matrimonio no había sido más que el resultado de un impulso.
Rafael la consideraba una buena candidata para casarse.
La unión entre ambas familias traía beneficios tanto personales como de negocios.
Y ella, por su parte, solo había aceptado por venganza.
Sin embargo, tras la boda descubrió que él era un hombre amable y responsable. Era tan maravilloso que le aterraba la idea de terminar enamorándose de él sin poder evitarlo.
Aun así, no entendía por qué, pero después de proponerle el divorcio, sintió que se le cerraba la garganta.
—¿Divorciarnos? —repitió él.
Rafael arrugó la frente. Le sujetó las mejillas para obligarla a mirarlo a los ojos, en los cuales destelló una chispa de dolor. Sonrió con ironía y sentenció:
—Incluso si nos divorciamos, primero deberías comprobar qué tanta energía tengo yo.
Sin decir más, se inclinó para apoderarse de sus labios, dándoles un mordisco a modo de castigo mientras la levantaba en brazos para llevarla a la cama.

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