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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 365

Vanessa abrió la puerta del auto, lista para subirse.

—¿Sabes con quién se estuvo viendo estos días? —Alexis alzó la voz de pronto—. Estuvo todo el tiempo con Camila Zárate. No te quiere, Vanessa, ¿puedes abrir los ojos de una vez?

Ella se detuvo en seco y lo miró de reojo.

—¿Qué quieres decir?

—Él y Camila siempre estuvieron enamorados. —Alexis rio con cinismo—. Si Rafael no necesitara el respaldo de la familia León, ni te habría volteado a ver. Con Camila de por medio, ustedes dos nunca van a ser felices.

Alexis hablaba con convicción, como si la indignación le brotara de las entrañas.

—¿En serio no te importa todo lo que pasó entre ellos? La dichosa fiesta de presentación no es más que otra mentira de Rafael para tenerte contenta. Jamás va a hacer pública su relación contigo.

A Vanessa se le detuvo el corazón. Recordó el perfume que percibió en Rafael esos dos días, y el video que vio. ¿Sería cierto que había algo entre ellos?

Pero recuperó la compostura casi de inmediato y dijo con menosprecio:

—¿Ya terminaste? Entonces lárgate.

Vanessa subió al auto sin vacilar. Alexis golpeó la ventanilla varias veces con urgencia. Ella bajó el vidrio con un solo botón y lo oyó insistir con la misma certeza de antes:

—Si no me crees, compruébalo tú misma: fíjate si la noche de la fiesta de presentación él aparece o no. Antes te fallé, pero estuvimos juntos cinco años y solo quiero tu bienestar.

Alexis volvió a jugar la carta sentimental.

—Digan lo que digan, quiero que seas feliz. No quiero verte sufrir. Si no confías en lo que te digo, ve y pregúntale a él directamente, a ver si te dice la verdad.

Vanessa lo observó unos segundos con expresión tranquila y le advirtió, desafiante:

—Mis asuntos no son de tu incumbencia. No vuelvas a buscarme, y mucho menos a la familia León.

Dicho eso, recordó algo más. Se giró y lo miró a los ojos con dureza.

—Sé que tú tuviste que ver con que Natalia destruyera los discos de vigilancia. Antes de eso, las cuentas entre nosotros ya estaban saldadas. Si te queda algo de decencia, dime quién fue el que me rescató.

La mujer de cabello corto, vestida con un traje casual blanco, tenía un aire profesional y resuelto. Se acercó a saludarlos con soltura y calidez.

—La señora Cisneros es tan guapa y elegante como imaginaba. Hacen una pareja perfecta.

—Te presento a Adriana Montes, diseñadora internacional de alta costura nupcial —dijo Rafael.

—Mucho gusto. —Vanessa la saludó con una sonrisa amable y porte sereno.

—Señora Cisneros, ¿qué le parece si la llevo personalmente al piso de arriba para que elija? —ofreció Adriana.

—Claro que sí —aceptó Vanessa con entusiasmo.

Subieron juntos al tercer piso, al salón de exhibición de vestidos de novia. Era la boutique nupcial más prestigiosa de Cartaluz: seis pisos en total, uno dedicado exclusivamente a la recepción de clientes y otros dos destinados a sesiones fotográficas. Adriana había ganado innumerables premios de diseño; conseguir una cita con ella para encargar un vestido requería reservar con mucha anticipación, y una sola pieza podía costar hasta cien mil dólares.

Vanessa quedó deslumbrada ante tantas opciones. Rafael la acompañó con paciencia todo el tiempo, sin dar la menor muestra de fastidio.

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