Cuando Estefanía salió de su rehabilitación, ya era casi mediodía. Noel la ayudó a salir de la clínica.
La nieve complicaba las cosas para alguien como ella, a quien le costaba caminar.
Además, la sesión de rehabilitación de hoy había sido un poco más intensa, así que al salir sentía las piernas débiles. Aunque Noel la sostenía, al llegar al carro, en cuanto él la soltó un instante, perdió el equilibrio y resbaló.
***
No muy lejos, detrás de su carro, había otro vehículo que llevaba toda la mañana estacionado en el mismo sitio.
El hombre que estaba dentro vio la escena y golpeó el volante con rabia.
«¡Ni siquiera sabe ayudarla a caminar!».
Pero, justo después de maldecir, Noel reaccionó y abrazó a Estefanía.
Por instinto, ella también se aferró a él.
En medio del paisaje helado, se miraron de frente. Ambos podían ver el vaho blanco que salía con cada una de sus respiraciones.
Ella acababa de terminar su rehabilitación y sus mejillas tenían el sonrojo natural del ejercicio. Levantó la vista y un copo de nieve cayó, posándose suavemente en la punta de su nariz.
Le hizo cosquillas. Quiso apartarlo para quitarse el copo, pero de repente sintió el rostro de él acercándose.
Una calidez rozó la punta de su nariz, y aquel frío copo de nieve se derritió con el calor de sus labios, convirtiéndose en una gota de agua que quedó sobre ellos.
—Estefanía, perdón… —Noel la abrazó con fuerza, apoyando la cara de ella contra su pecho—. Sé que no debí, pero… de verdad, me gustas mucho.
Estefanía apoyó la mejilla en el suéter de cachemira de él, suave y cálido. En aquel día de invierno, con la nieve cayendo, no sentía ni una pizca de frío.
—Si estás enojada, dímelo. También puedes darme una bofetada —dijo él, con una voz ligeramente lastimera junto a su oído, un susurro que parecía enredarse en su garganta.
Estefanía tiró un poco del suéter de él.
—Muchacho, no te abrigas bien. Con esa chamarra abierta se te mete todo el aire frío. ¡Vas a ver cuando seas viejo y te duelan los huesos!
Eso era lo que su abuela siempre les decía a Noel y a Gilberto cuando los veía con los abrigos abiertos.
—No, no, no, mejor no. Yo manejo, yo manejo. —A Noel le preocupaba que si Gilberto se enteraba de por qué no arrancaba, le diera una paliza.
El carro arrancó suavemente y avanzó.
***
En el carro de atrás, el hombre al volante tenía la cara más negra que el carbón.
Si antes aún albergaba alguna esperanza, en ese momento se desvaneció por completo. Había visto con sus propios ojos cómo Noel la besaba…
Cómo se reían juntos y se iban…
Aquella voz odiosa volvió a resonar.
—Je, je, je. ¿Ya te diste por vencido?
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...