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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 442

—¡Más te vale que controles esa boca o vas a amanecer tirado en una zanja! —le espetó él, volteando furioso.

Roberto enarcó una ceja.

—Como quieras. Cuando me muera, aviéntame donde se te dé la gana. Si ya no puedo controlar mi vida, menos voy a controlar lo que pase después de muerto.

***

Noel conducía rebosante de alegría. Ya casi llegaban a la calle del parque, y un poco más adelante estaba la casa. De repente, se detuvo.

—Estefanía, necesito hacerle una llamada a Gilberto.

—¿Para qué le vas a llamar a mi hermano? —Estefanía pensaba que el chico era bastante astuto. Siempre se hacía el inocente, como un cachorrito, y a ella le daba lástima regañarlo.

—Estefanía, reservé en un restaurante. Lo hice hace un mes, pensando que… que tal vez en Navidad tendría la oportunidad de invitarte a salir… —Volvió a poner su característica mirada de lástima.

Estefanía lo miró fijamente.

—Estefanía… —Él extendió la mano y la tomó suavemente.

—Llámale. Con que mi hermano no te grite, por mí está bien. —Estefanía de verdad no podía resistirse cuando se ponía así.

Así que lo vio pedirle permiso a su hermano para tomarse la tarde libre, muy serio.

Era evidente que a su hermano no le gustó la idea.

—Afuera los restaurantes y las tiendas están cerrados, ¿para qué piden permiso?

—Hermano, todavía hay algunos restaurantes abiertos —dijo Noel en voz baja.

—¡Pásame a Fani!

Mientras le pasaba el celular a Estefanía, Noel le lanzó una mirada suplicante. Ella contuvo una risa.

—Hola, hermano…

—¿Quieres salir con él? —preguntó Gilberto sin rodeos.

—Yo… la verdad… no mucho… —dijo Estefanía lentamente, mirando de reojo a Noel.

Noel abrió los ojos como platos, sintiendo que el mundo se le venía encima.

—Estefanía…

Tal como había dicho Gilberto, las tiendas y restaurantes estaban cerrados, pero las calles estaban llenas de adornos navideños. Por la noche, cuando las luces de colores se encendieran, sería aún más hermoso.

Noel había reservado un almuerzo navideño en un hotel de lujo. Al entrar al restaurante, el ambiente contrastaba por completo con el silencio frío del exterior. La alegre música navideña sonaba con fuerza y los meseros se movían entre las mesas con una eficiencia ordenada.

Aunque lo llamaban almuerzo navideño, en realidad era más bien una fiesta de Navidad.

Había música en vivo y cantantes. Más tarde, incluso hubo baile.

Bailarines vestidos con trajes rojos de Santa Claus bajaban a invitar a los clientes a bailar, y naturalmente, se acercaron a la mesa de Estefanía.

Noel quería negarse. Era un baile grupal con un ritmo muy rápido, y temía que Estefanía no pudiera seguirlo.

Pero para su sorpresa, Estefanía se levantó.

Emocionado, la acompañó a unirse al grupo de baile.

Al son de la música alegre, saltaron y bailaron con completos desconocidos. Estefanía no tuvo ningún problema; en realidad, no importaba qué baile fuera ni si lo hacían bien. Lo importante era saltar y divertirse.

Hasta que la música de repente se volvió más lenta y los músicos de la banda, vestidos con faldas escocesas, empezaron a tocar las gaitas.

***

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