Marisa seguía medio dormida, acurrucada entre las sábanas, sin tener idea de lo que estaba pasando. Apenas y alcanzó a murmurar:
—¿Por qué tanto alboroto? Si ni siquiera grabé una novela, ¿de qué se trata?
Sabrina le mandó de inmediato un video que en unos días ya tenía casi un millón de likes.
—¡Tu mural en el Zoológico Arcoíris se volvió viral! ¡Toda la red está buscando a la genio que lo hizo!
Con los ojos apenas abiertos, Marisa desbloqueó el celular y le dio play al video. Al principio salía ella, pintando bajo el sol, frente a una pared. No sabía si era el ángulo o la ropa, pero con esa coleta y su complexión delgada, cualquiera podía pensar que era una adolescente. Tal vez por eso todos creían que era una chica joven.
Había que admitirlo, quien grabó el video tenía talento: supo capturar a la perfección el mural entero, mostrando cada detalle.
Marisa seguía sin entender mucho.
—¿Pero cómo que se volvió viral?
Sabrina, emocionadísima, respondió:
—Dicen que fue porque el famoso Alberto compartió tu mural. ¡En cuanto lo subió, todo explotó!
¿Alberto?
El mismo que estudió con ella en la Academia de Arte de Clarosol, al que apodaban el Rembrandt del arte local. En los últimos años, el nombre de Alberto se escuchaba por todos lados, sobre todo porque quería meterse al mundo del espectáculo. Entre sus seguidores, su fama ya era enorme.
Sabrina remató:
—Marisa, olvídate de que te presente a alguien para un trabajo. ¡En estos días te va a llover gente buscando tu talento!
Hasta ese momento, Marisa seguía sin asimilarlo del todo. No despertó de su asombro hasta que Sabrina cambió de tema.
Sabrina bajó la voz y se puso misteriosa:
—Marisa, te compré algo bueno, ya sabes, para esos días... Debe llegar hoy por mensajería exprés, así que recíbelo tú solita, ¿sí?
Instintivamente, Marisa alejó el celular de la oreja. Por el tono de Sabrina, entendió perfectamente de qué le estaba hablando.
Eso sí, ni loca dejaría que Rubén se enterara. ¡Qué vergüenza!
—¿Y no te alegra? Eso significa que pronto te van a llegar muchas oportunidades de trabajo.
Pero Marisa frunció el ceño. No se veía ni emocionada ni contenta.
—La fama es como una moneda de dos caras. Y más cuando llega tan de golpe. Que la gente ame un mural, no significa que les vayan a gustar todos. Si algún día se dan cuenta de que no soy esa chica dócil que pinta solo lo que ellos quieren ver, ¿qué va a pasar? ¿No se convertirá su admiración en rechazo?
En los ojos de Rubén se asomó un brillo de genuina admiración. Era cierto, Marisa tenía un aire inocente y juvenil, pero su madurez desbordaba por encima de todo.
Esa calma y seguridad que mostraba la hacían ver como alguien destinado a grandes cosas.
Rubén le acarició los labios con la yema de los dedos, con una delicadeza casi reverente.
...
En ese pequeño instante, Marisa sintió que el mundo se detenía a su alrededor. Las palabras de Rubén, cálidas y firmes, la envolvieron como un abrazo invisible, dándole una paz que no había sentido en mucho tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...