Marisa frunció las cejas con ese aire sereno que la caracterizaba.
En su mirada se acumulaban nubes de dudas.
A ella siempre le pareció que Rubén era alguien directo, de esos que no se andan con vueltas. ¿Cómo podía estar actuando de forma tan evasiva en este asunto? Si no fuera porque Sofía lo mencionó, nunca se le habría pasado por la cabeza.
Sin embargo, para Marisa, el juicio de Sofía no era tan acertado como ella pensaba.
Después de todo, antes incluso de que se sentaran a desayunar, Rubén ya se comportaba raro.
...
Rubén salió del edificio principal y caminó hacia el garaje, arrastrando una molestia que le hacía ver todo mal.
Hasta el jardín de la familia Olmo, que normalmente le parecía bien cuidado y bonito, ahora lo veía hecho un desastre.
Se subió al carro.
Encendió el motor y bajó el aire acondicionado.
Se quedó mirando el celular, en silencio.
Si en ese momento Marisa le llamaba o le mandaba un mensaje, él no iría a ningún lado.
Pero pasaron casi quince minutos y el teléfono seguía mudo, ni siquiera una de esas alertas de publicidad de la app rompió el silencio.
Eso fue lo que terminó por apagarle el ánimo a Rubén.
Con gesto sombrío, condujo su Bentley negro directo fuera del garaje.
De pasada, decidió marcarle a Claudio para desahogarse.
Claudio no perdió la oportunidad de burlarse:
—Seguro la señora Olmo te puso en tu lugar, ¿verdad? Pero tú deberías reclamarle a Gonzalo, fue él quien trajo ayer a esa tal Tania, seguro lo hizo adrede. Parece que la bronca que le diste la otra vez no le sirvió de nada.
Cuanto más escuchaba, más se le endurecía la cara a Rubén.
—La señora Olmo no me reclamó nada —contestó seco.
Claudio se quedó un poco desconcertado, pensando que Rubén solo presumía la autoridad que tenía en su casa.
Pero antes de que pudiera decir algo más, Rubén añadió:
—La señora Olmo ni siquiera se molestó por lo de anoche, ni le importó con quién estuve tomando.
Claudio se quedó con la boca abierta.
La cara de Rubén se ensombreció aún más y le contestó con voz cortante:
—¿Claudio, se te desconectaron los cables o qué? Mejor que Cristian te consiga un neurólogo a ti, para que te revisen bien la cabeza.
Claudio soltó una risa incómoda.
—Pues si no tienes nada, dilo, ¿no? Si no me lo aclaras, ¿cómo quieres que sepa? Entonces, ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué está tan distante la señora Olmo?
Rubén apretó los labios, y esos ojos que solían brillar, ahora solo mostraban una tristeza difícil de ocultar.
—¿No será que todavía piensa en Samuel?
A Claudio, en el fondo, esa era la explicación más lógica, pero no se atrevió a decirlo en voz alta. Solo atinó a consolarlo:
—Mira, si todavía piensa en Samuel, es porque tiene un corazón noble. No te lo tomes tan a pecho, Rubén. Además, Samuel ya se fue.
Rubén murmuró, como si hablara consigo mismo:
—¿Y si Samuel no se hubiera ido?
A Claudio le recorrió un escalofrío por la espalda. Si no se hubiera ido... ¿acaso estaría hablando de fantasmas?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...