Entrar Via

El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 449

—A fin de cuentas, vamos a la cena del señor Cano. Por lo menos tengo que ponerme las pilas, ¿no crees? —murmuró Melina, como si hablara consigo misma.

...

Después de más de dos semanas en reposo, Marisa por fin salió del hospital con el visto bueno del doctor.

El día de su alta, mucha gente llegó a verla y le llevaron ramos de flores.

Pero, entre todas esas personas, el único que no apareció fue Rubén.

Hasta Sabrina no pudo evitar soltar un comentario sarcástico:

—Según yo, Rubén ya se dio por vencido o, de plano, ya ni ganas tiene de fingir.

Marisa bajó la mirada, como si su ánimo también cayera al suelo. Pero, al ver entre los muchos ramos una rama de flores de ciruelo, sus ojos se iluminaron apenas un poco.

—Claudio sí que es detallista. Hasta se tomó la molestia de mandarme flores para mi salida del hospital. ¿No será que tiene otras intenciones? —dijo, alzando las cejas con picardía hacia Sabrina.

Sabrina rodó los ojos con rapidez, como si esa posibilidad le pareciera ridícula.

—Vi a todos los que vinieron con flores y créeme, Claudio no está entre ellos. No hay ningún Claudio ni nada de otras intenciones. Ya estás imaginando cosas.

Marisa observó las flores de ciruelo que tenía en brazos y frunció el ceño, confundida.

—¿En serio Claudio no vino? No puede ser… Él es de los pocos que regalarían este tipo de flores...

Sabrina soltó un suspiro, resignada.

—Ay, Marisa, en vez de preocuparte tanto por quién te mandó las flores, deberías pensar más en lo tuyo con Rubén. ¿Has visto alguna vez a una pareja casada que pase casi un mes sin hablarse? ¡Y eso que te lastimaste! Sólo de pensarlo me hierve la sangre. Por eso digo que tú sí naciste para ser señora de familia rica: tienes una paciencia que no entiendo, aguantas demasiado.

Marisa aflojó el abrazo alrededor de las flores y su mirada se volvió distante, acompañada de una pizca de resignación.

Marisa, con su ramo de flores, fue directo a la galería Jasmine.

Al llegar, sus compañeros ya la esperaban en la entrada, lo que le arrancó una pequeña sonrisa y le trajo un rato de calidez.

Fabiana gritó desde la puerta:

—¡Esta noche tenemos cena! Será la bienvenida para la señorita Páez, y yo invito.

Marisa aceptó sin pensarlo mucho y se fue deprisa a su oficina.

Escogió un florero bonito para las flores de ciruelo y, sin perder tiempo, se puso a trabajar.

Lo primero era contactar a Davis.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló