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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 463

Sabrina hizo una mueca y resopló.

—Nada, solo que empiezo a pensar que en este mundo no existen los hombres que valgan la pena.

Una de sus compañeras, con una sonrisa cómplice y moviendo las cejas como si compartiera un secreto, la empujó suavemente con el codo.

—Mira allá, ¿acaso ese no es un buen hombre? Qué casualidad que justo nos topemos con él estando aquí por trabajo. ¿Seguro que no está buscando encontrarse contigo a propósito?

Sabrina levantó la cabeza, y en ese instante, Claudio apareció a la vista, impecable con su traje y una postura que desbordaba confianza.

La sorpresa se le pintó en el rostro, y no pudo evitar llamarlo por su nombre.

—¿Claudio? ¿Qué haces aquí?

Por esos días, Sabrina no sentía simpatía alguna por Rubén, y por extensión, todo aquel que fuera su amigo le caía aún peor. Claudio, siendo uno de ellos, no era la excepción.

Claudio, con sus largas piernas, caminó hacia Sabrina. A diferencia del gesto cortante de ella, él tenía una sonrisa tranquila en el rostro.

Quizá para evitar malentendidos, Claudio se adelantó a explicarse:

—¿Sabrina? ¡Vaya coincidencia! Justo vine por una junta aquí cerca, ni me imaginaba que tú anduvieras por aquí también.

Sabrina rodó los ojos y fingió una sonrisa.

—¡Ojalá no seas de esos locos que persiguen gente!

Sin esperar respuesta, tomó del brazo a su compañera y se encaminó directo al vestíbulo del hotel.

Su compañera, visiblemente emocionada, se acercó a su oído para susurrarle:

—¡Sabrina! ¿Ese chico no fue el que te mandó flores un par de veces? La verdad, no está nada mal. ¿De verdad no piensas darle una oportunidad?

Sabrina bufó y soltó un comentario cargado de sarcasmo.

—¿Guapo? ¿Y qué con eso? Mi prima se casó con un tipo que podría darle mil vueltas a ese en belleza; se portaba como un caballero y parecía el esposo perfecto, pero cuando mi prima más lo necesitó, él andaba de viaje con la otra, con la que siempre estuvo obsesionado, y dejó a mi prima tirada sin importarle nada. Así que sí, ser guapo no sirve de nada.

En el fondo, Sabrina toleraba el matrimonio de Marisa y Rubén solo porque Marisa, al menos, había conseguido algo de dinero en esa relación.

El amor es importante, pero el dinero también cuenta. ¿Guapo? ¿A poco llena el estómago?

Con amor tal vez se puede sobrevivir, pero con belleza... ¿para qué sirve?

Mientras tanto, Claudio se quedó parado afuera del hotel, observando en silencio la espalda de Sabrina mientras ella ni siquiera volteaba.

Su asistente, incómodo, se acercó y le murmuró:

—Señor Cano, ¿quiere que le reserve ya el vuelo de regreso?

Claudio entrecerró los ojos, le lanzó una mirada y bromeó:

—¿Qué, ya crees que no tengo ninguna oportunidad?

El asistente asintió con sinceridad.

La verdad, la cosa no pintaba muy bien.

Pero Claudio se encogió de hombros y sonrió con calma.

Marisa fue testigo de una escena tan extraña que por un momento pensó que era una broma.

Davis, en silencio, fue y trajo otra silla, sentándose del otro lado de la cama.

Quedaron uno frente al otro, cada quien a un lado de la cama.

Se miraban fijamente, como si compitieran por ver quién aguantaba más sin parpadear.

El ambiente estaba tan tenso que hasta el aire parecía pesado.

Marisa, agotada, se giró hacia donde estaba Davis y soltó resignada:

—Señor Mariscal, su salud aún no está como para estos trotes. Mejor regrese a su habitación, ¿le parece?

Davis la miró con ojos de reproche y comenzó a hacer ruidos extraños.

—Uuuu, uuuu, uuuu...

—¿Qué?

Davis, con los labios apretados, seguía murmurando algo ininteligible.

Marisa se rascó la cabeza, entre desesperada y divertida.

—Bueno, ahora sí puedes hablar.

—Si de verdad quieres que firme contigo, ¡haz que él se vaya y firmo ahora mismo!

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