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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 466

—¿Viste el carro de Rubén en el estacionamiento?

Marisa arrugó el ceño con delicadeza. Ya había pasado más de una hora, ¿cómo era posible que todavía vieran el carro de Rubén ahí?

—Debiste de haberlo confundido.

Estaba convencida de que Fabiana seguramente se había equivocado.

Sin embargo, Fabiana no tardó nada en enviarle una foto.

[Entre todos los Bentleys de Clarosol, solo el del señor Olmo tiene la placa 00008, ¿cierto?]

Marisa amplió la imagen que Fabiana le mandó y la observó con atención.

Era, sin duda, el carro de Rubén.

Pasó más de una hora y él seguía ahí, ¿todavía no se iba?

...

En el estacionamiento subterráneo del hospital, Rubén se recostaba en el asiento, con las cejas juntas y la mirada perdida.

Marcó el número de Claudio y fue directo al grano.

—¿Te animas a tomar algo?

Normalmente, convencer a Claudio de salir a tomar algo no suponía ningún problema, pero esta vez Claudio no estaba en Clarosol.

—Ando de viaje en Valenciora, así que te la debo.

Rubén alzó una ceja, adivinando el motivo.

—¿Te fuiste a perseguir a Sabrina?

Claudio soltó una carcajada.

—Nada se te escapa, ¿eh?

—Claudio, ya casi deberías tatuarte en la frente que andas tras Sabrina.

Claudio no se molestó en lo más mínimo por haber sido descubierto. Perseguir a una chica era lo más normal del mundo. Pero lo que sí le llamó la atención fue que Rubén lo llamara tan tarde y además le propusiera ir a tomar. Eso solo podía significar que algo andaba mal.

—¿No que ni te atrevías a ver a Marisa? ¿O será que ya la extrañabas tanto que no te aguantaste después de tantos días?

Rubén no dudó en admitirlo.

No sabía ni qué decir.

Solo pudo repetir, incrédulo, lo que Rubén le había contado.

—¿Así, sin pensarlo, de una vez te pidió que te fueras?

—Sí —respondió Rubén, con una voz tan apagada que Claudio nunca se la había escuchado.

A Claudio le preocupaba que Rubén hiciera alguna tontería. Al no estar en Clarosol, solo podía intentar animarlo por teléfono.

—Mira, tal vez Marisa no quería echarte, simplemente era algo de trabajo. Si hay que echarle la culpa a alguien es a ese pintor. Dime cómo se llama y yo me encargo de darle una lección.

Rubén rechazó la propuesta de Claudio.

—Déjalo así. Ese pintor es alguien que Marisa acaba de firmar, si le buscamos problemas, terminamos metiéndola en líos a ella.

Claudio respiró hondo. Tenía sentido, pero igual le molestaba que alguien se atreviera a tratar mal a Rubén. ¿De verdad iban a dejarlo pasar así nomás?

Terminó por intentar tranquilizarlo un poco más.

—No te pongas triste, Rubén. Marisa siempre ha sido muy enfocada en su trabajo. Eso es lo que te gusta de ella, ¿no?

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