Hasta el equipo de la empresa de Sabrina contenía la respiración por ella.
Pero Claudio, como si nada, seguía ahí, mirándola con esa sonrisa traviesa.
—No tengo ningún problema con que uses el celular en la junta —dijo—. Eso no define tu capacidad en el trabajo. Solo que, si estabas platicando con tu novio, entonces aquí sí me tengo que preocupar… porque podría terminar con el corazón roto.
Nadie se esperaba que Claudio le confesara así sus sentimientos a Sabrina, y menos en plena reunión de trabajo.
Ni ella misma lo veía venir.
Tan atrevida como era Sabrina, terminó ruborizándose ante la valentía directa de Claudio.
Se puso de pie de inmediato.
—Disculpen, voy al baño un momento.
Claudio señaló la puerta que daba al pasillo del hotel.
—Señorita Castillo, adelante.
Sabrina salió casi corriendo de la sala de juntas, sin mirar atrás, y pasó de largo el baño que estaba dentro de la sala de reuniones.
El ambiente se volvió incómodo.
Pero nadie se atrevía a comentar nada.
Los del equipo de FunAI ni pensarlo, si era su jefe.
Y los de la empresa de Sabrina tampoco se atrevían, porque era el cliente.
...
En el baño del pasillo, Sabrina se mojó la cara.
Desde que llegó a Valenciora, casi no se maquillaba; el clima húmedo le sentaba bien y su piel lucía mucho mejor.
Se miró en el espejo. Tenía las mejillas encendidas, con gotas de agua resbalando por la piel.
En el fondo, Sabrina siempre supo que nunca estuvo entre las más llamativas. Desde pequeña entendía cómo lucían las mujeres consideradas bellas, y su prima Marisa era la prueba viviente.
Claudio sonrió.
—Sí, lo sé. También sé que en la sala de juntas hay otro baño.
La descubrió de inmediato. Sabrina había salido solo para escapar, no porque necesitara ir al baño.
Se sonrojó aún más, fingió revisar su celular.
Claudio se inclinó un poco hacia ella.
—Entonces... ¿era tu novio? ¿Desde cuándo andan? ¿Todavía tengo alguna oportunidad?
Sabrina levantó el celular y se lo mostró.
—Deja de inventar, no tengo novio, ni ando con nadie. Marisa se quemó la mano y me preocupé.
Claudio bajó la mirada al celular, vio la foto que Marisa le había mandado a Sabrina, y luego la miró de nuevo, con ese brillo misterioso y juguetón en los ojos, pero también con un dejo de esperanza.
—Bien, ya aclaraste eso. Pero te falta responderme algo… ¿Sí tengo oportunidad contigo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...