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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 495

Pero ella no lo hizo.

Al escuchar eso de Rubén, el corazón de Marisa por fin se tranquilizó.

Sin embargo, el siguiente pensamiento que cruzó su mente le borró la sonrisa de inmediato.

—Entonces, ¿esa noche que fui al estacionamiento y no te vi fue porque andabas tomando con Gonzalo? ¿Y encima estabas rodeado de tantas chicas jóvenes y guapas?

En la cabeza de Marisa solo daba vueltas la imagen borrosa de ese escándalo que salía en las redes.

Al lado de Rubén, una chica joven le estaba sirviendo una copa justo en el momento en que les tomaron la foto.

Al escuchar el tema, la cara de Rubén se ensombreció, más oscura que la noche misma.

—Fue Gonzalo quien lo organizó, lo juro. Esa chica solo me sirvió una copa, no pasó absolutamente nada. Si no me crees, puedo pedir al bar que te muestre todas las cámaras de seguridad, igual que lo que te expliqué de la alergia, de la vez que estuve internado en el hospital junto a la fábrica... Todo eso, cualquier cosa que quieras comprobar, yo te consigo la evidencia.

Al ver lo nervioso que estaba Rubén, Marisa no pudo evitar reír bajito y, fingiendo inocencia, le soltó:

—¿También se pone así de nervioso el señor Olmo cuando está trabajando?

Al escuchar su tono bromista, el gesto de Rubén se suavizó y respondió con picardía:

—En el trabajo, nada me pone nervioso. Es lo mío, ahí sí estoy en mi elemento.

Solo frente a Marisa se ponía tan tenso, tanto que hasta le nació un poco de rencor hacia Gonzalo.

Este amigo suyo, quién sabe por qué, tenía tan mala suerte que hasta en una salida para tomar algo terminaba siendo fotografiado por gente de la competencia.

Vaya que el mundo de los abogados era una jungla de competencia feroz.

Luego de un rato, Marisa sintió que su energía volvía poco a poco.

Giró su cuerpo con suavidad, como si escalara la cima de una montaña, y se inclinó sobre Rubén.

Sentada sobre él, sintió el calor que despedía Rubén.

—¿Y ahora? ¿También te pones nervioso?

Rubén arqueó una ceja, sabiendo perfectamente que Marisa lo estaba provocando.

La verdad, más que nervioso, ahora se sentía emocionado.

Ahora era ella quien quedaba debajo de Rubén, sintiendo el peso y la fuerza de su cuerpo.

La presión que ejercía sobre ella la hacía estremecerse.

—Si vas a retarme, espero que no te rindas tan rápido —le susurró Rubén.

Marisa acarició su abdomen marcado y siguió bajando la mano, desafiante.

—Mmm, ya veremos quién se rinde primero.

La noche de invierno se volvió ardiente, interminable.

En medio de esa oscuridad, Marisa se perdió por completo, dejándose llevar.

Al final, tuvo que pedir tregua.

Y entendió que cuando Rubén se desataba, no había quién lo detuviera.

Toda la noche no hizo más que arrepentirse de haberlo provocado con ese reto, preguntándose por qué se le había ocurrido desafiarlo en algo así. ¿No era eso buscarse sus propios problemas?

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