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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 496

Al día siguiente, Marisa se despertó por una sarta de llamadas insistentes de Sabrina.

Cuando abrió los ojos, Rubén ya no estaba a su lado en la cama.

Pero el lugar junto a ella todavía conservaba su calor.

Seguramente se acababa de levantar.

Marisa contestó el teléfono con pereza, su voz sonaba lánguida y con una ligera ronquera.

—¿Mmm?

Ese tono de voz sorprendió a Sabrina.

—¿Qué tanto hicieron anoche? ¿Te quedaste sin voz o qué?

Marisa se dio la vuelta en la cama.

—Si me llamas tan temprano solo para decirme eso, entonces voy a colgar. Todavía quiero dormir un poco más.

—¡Ay, por favor! ¡Mira qué hora es! ¡No duermas más! ¡Tengo un chisme bomba! ¿Quieres oírlo?

Marisa, todavía medio dormida, no tenía ningún interés en chismes bomba, así que adivinó al azar.

—¿Tú y Claudio terminaron?

Sabrina soltó una risa de fastidio.

—¡Claudio y yo solo tenemos un acuerdo de colaboración, no una relación!

¿Un acuerdo de colaboración?

Marisa frunció el ceño con los ojos aún cerrados. Era la primera vez que oía a alguien referirse a una relación como una colaboración.

—Bueno, ¡ya no te doy más vueltas! Vayamos al grano. Margarita era la gerente de relaciones públicas en FunAI, ¿no? Por mi trabajo conozco a gente de ahí y me enteré de que la corrieron. Tomó un vuelo esta mañana, así que a estas horas ya debe haber aterrizado en Solsepia.

Al oír que habían corrido a Margarita, Marisa terminó de despertarse.

—¿Cómo que la corrieron?

Al recordar lo que Rubén había dicho la noche anterior, Marisa ya tenía una idea de la respuesta.

Pero aún no estaba segura.

Sabrina bajó la voz.

Ayer se había marchado con la maleta en mano y una actitud distante, y esta mañana…

Después de asearse, Marisa eligió una blusa gris de punto y, mientras buscaba una gabardina en el armario, sus ojos se posaron en una de color negro.

Cuando bajó, Rubén acababa de terminar su llamada y la estaba esperando.

Sofía bromeó desde un lado.

—¡El señor y la señora visten a juego!

Marisa se fijó en Rubén.

Él también llevaba una gabardina larga y negra ese día, lo que le daba un aire especialmente distinguido y elegante.

El negro le sentaba muy bien a Rubén. Incluso con una gabardina larga que le llegaba a las rodillas, a simple vista seguía teniendo el físico espigado de un modelo.

Rubén la rodeó con el brazo sin reparos, sin importarle en lo más mínimo que hubiera más gente en la casa.

—Señora, la próxima vez le pediré a la marca que nos envíe ropa de pareja. Si vamos a vestir a juego, hay que hacerlo como se debe.

***

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