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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 536

Para Marisa, solo era una cena de lo más normal.

Si acaso había algo fuera de lo común, era que al llegar se dio cuenta de que no había nadie más de Vino Tranquilo.

Pero esa cena fue descrita como una especie de trato entre ella y Lorenzo.

Las palabras que usaron eran indecentes, sucias y retorcidas.

La pintaban como una arribista de pies a cabeza, que simplemente se escondía tras la fachada de ser la dueña de la galería Jasmine.

Incluso el bolso que llevaba se convirtió en un gran tema de debate.

Algunos decían que era falso; otros, que se lo había ganado vendiendo su cuerpo.

Las especulaciones maliciosas la golpearon como una marea.

Incluso, un buen número de personas se reunió en la entrada de Jasmine con pancartas rojas, exigiendo que Marisa saliera a dar una explicación.

Todo por las palabras que Davis había dicho en el chat grupal del programa.

Las fanáticas de Melina consideraron que esas palabras eran una calumnia para desprestigiarla.

Afuera de Jasmine, las fanáticas, exaltadas, querían una explicación de Marisa.

Adentro de Jasmine, todo era un caos.

Los teléfonos de la administración de la galería no dejaban de sonar. Llamadas de los medios, de fanáticas malintencionadas y de marcas asociadas que querían cancelar sus contratos.

Nunca habían imaginado que se desataría un escándalo mediático de tal magnitud. Se podía decir que Jasmine no tenía un equipo formal de relaciones públicas, por lo que en ese momento se sentían especialmente indefensos.

Fabiana, que se consideraba una persona que ya había visto de todo, estaba abrumada por la situación.

En la sala de juntas de la galería, la expresión de todos era grave.

Marisa, en el ojo del huracán, tenía el ceño fruncido y la cabeza gacha, sumida en sus pensamientos.

Fabiana miró su celular, que no dejaba de vibrar, y con un gesto de fastidio, lo volteó sobre la mesa.

—Es obvio que alguien está manipulando la opinión pública. De lo contrario, esto no habría crecido tan rápido ni a esta escala.

Fabiana dio su veredicto basándose en su experiencia.

Alguien en la galería intentó consolarla.

—Señorita Páez, no tiene que estar tan triste. Los internautas son así; no conocen los hechos y se van con quien sople más fuerte. Son como veletas.

El rostro de Marisa finalmente mostró una reacción.

Esbozó una sonrisa ligera, pero en sus ojos curvados había una frialdad indescriptible.

Aunque estaba en el centro del torbellino, daba la impresión de estar completamente ajena a él.

—Sí, lo sé. Ustedes tampoco se dejen afectar. Concéntrense en su trabajo.

Fabiana no tuvo el corazón para recordarle que, en la situación actual, era imposible seguir trabajando.

Marisa debía estar en pánico para decir algo así.

Al ver que Marisa volvía a bajar la cabeza, Fabiana sintió una punzada de lástima. Ella no era una persona acostumbrada a escenas tan humillantes, así que era normal que estuviera tan abatida.

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