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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 595

El asistente negó con la cabeza enérgicamente. —No, es que me conmovió.

Rubén arqueó una ceja y sonrió, confundido. —¿Cómo que te conmovió llevarle un poco de comida?

El asistente se secó una lágrima. —La señora Olmo me dijo que sentía haberme dado más trabajo, me preguntó si estaba muy cansado y hasta me invitó a comer con ella…

Viendo la cara que ponía su asistente, Rubén no pudo evitar reírse. Se levantó y le dio una palmada en el hombro. —Ya entendí, te di más trabajo. De regreso al país te doy un ascenso y un aumento, ¿te parece?

El asistente se secó las lágrimas y sus ojos brillaron. —¡Claro que me parece, señor Olmo!

Rubén siguió sonriendo. —¿Entonces, ahora quién es más buena gente, la señora Olmo o yo?

El asistente dudó un momento. Aunque la tentación del ascenso y el aumento era grande, se mantuvo fiel a sus sentimientos. —La señora Olmo.

Rubén le dedicó una mirada de aprobación. —Bien dicho. ¡Te duplicaré el aumento!

Aprovechando lo que quedaba del receso, Rubén regresó a la suite presidencial.

Marisa todavía estaba en el baño, arreglándose. Al oír movimiento en la suite, pensó que era alguna empleada de la limpieza. Asomó la cabeza y vio que era Rubén.

Sus ojos se iluminaron de alegría, pero como se estaba lavando los dientes, solo pudo decir entre murmullos: —¡Rubén! ¿No estabas en una junta?

Rubén se acercó a paso rápido y le limpió un poco de espuma de pasta de dientes de la comisura de los labios. —Hiciste llorar a mi asistente, así que bajé a ver qué pasaba. De paso, como contigo.

Había un dejo de culpa en la expresión de Rubén.

Tenía todo el trabajo acumulado en esos dos días y estaba demasiado ocupado, sin tiempo para estar con Marisa.

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