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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 596

Los rayos de sol se colaban entre los mechones de cabello de Rubén.

Desde el ángulo de Marisa, su pelo tenía un bonito tono castaño.

Cuando dijo que era muy obediente, de verdad parecía que hasta el último de sus cabellos lo era.

Marisa no pudo resistirse. Levantó la mano y le alborotó el pelo. Lo que antes era un peinado impecable, ahora era un adorable desastre.

Le encantaba esa sensación de poder desordenarle el cabello a su antojo.

Marisa jugaba mientras Rubén sonreía. —Señora Olmo, no dejes que el desordenarme el cabello te quite el hambre.

Dicho esto, tomó un trozo de carne de cangrejo y se lo acercó a la boca.

Marisa abrió la boca y, después de tragarse el bocado, bromeó: —Señor Olmo, ¿aprovechaste el receso de la junta solo para venir a darme de comer?

Rubén le siguió la corriente con gusto. —Pues claro. No pude dormir contigo hasta tarde ni desayunar juntos, así que tenía que compensártelo a la hora de la comida.

Marisa lo había dicho en broma, pero se dio cuenta de que Rubén de verdad se sentía culpable.

Se apresuró a explicar: —No te preocupes por el trabajo, de verdad. Puedo comer sola, y si me aburro, puedo ir a dar una vuelta por los centros comerciales de por aquí. No te sientas mal, para mí es como si viniera de vacaciones después de terminar el trabajo.

Al verla hablar sin parar, Rubén empezó a dudar de sí mismo. —¿No necesitas que esté contigo?

Marisa asintió con seriedad. —Soy una mujer adulta, no necesito que me estés cuidando todo el tiempo.

El rostro de Rubén se ensombreció sutilmente.

Marisa no se dio cuenta. Estaba concentrada en sacar la carne de una pata de cangrejo para dársela a Rubén. —Este cangrejo que compró tu asistente está bastante bueno.

El entusiasmo de Rubén había decaído. Después de comerse el cangrejo, se limpió las manos. —Marisa, tengo que volver a la junta.

Marisa se quedó perpleja. Se limpió las manos con una toallita húmeda, se levantó de prisa y lo acompañó hasta la puerta. Antes de que se fuera, levantó la mano para arreglarle el desastre que le había hecho en el pelo.

Pero justo cuando iba a tocarlo, Rubén se apartó sutilmente.

Ese gesto, tan inusual en él, la dejó helada.

Capítulo 596 1

Capítulo 596 2

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