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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 607

Marisa frunció el ceño aún más.

Entrecerró los ojos, pero su mirada no buscaba a Rubén.

Simplemente seguía mirando la hora.

Así de segura estaba.

Y, en efecto, justo cuando el minutero cambió, la voz gélida de Rubén resonó a su lado.

—¿Qué están haciendo? ¿Rodeando a mi esposa? No me digan que la están molestando.

El repentino regreso de Rubén provocó reacciones diversas.

Una sonrisa de satisfacción, de quien acierta en su predicción, se dibujó en los labios de Marisa.

A Iria, por otro lado, le brillaron los ojos y comenzó a pasarse la mano por el cabello, coqueteando descaradamente con Rubén.

Rubén frunció el ceño y sus ojos se posaron brevemente en ella.

Iria, por un instante, creyó que la luz la favorecía y que Rubén por fin se había percatado de su belleza, así que sonrió con más ahínco.

Parecía una de esas chicas de bar esperando a que la eligieran.

Al segundo siguiente, Rubén se interpuso entre Marisa y el grupo, apartándola de ellos, y se dirigió a Iria con frialdad:

—Si te pica la cabeza, ve a lavártela, pero deja de sacudirte ese pelo todo maltratado. La gente de la mesa de al lado va a pensar que está nevando aquí dentro por toda la caspa que sueltas.

La sonrisa de Marisa se hizo incontenible.

A veces, Rubén era mordaz y tenía un humor negro.

Y a ella, casualmente, le encantaba esa faceta suya.

Iria tardó varios segundos en reaccionar. Cuando lo hizo, la cara se le puso roja de furia y los labios se le amorataron por la rabia.

Capítulo 607 1

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