Marisa frunció el ceño aún más.
Entrecerró los ojos, pero su mirada no buscaba a Rubén.
Simplemente seguía mirando la hora.
Así de segura estaba.
Y, en efecto, justo cuando el minutero cambió, la voz gélida de Rubén resonó a su lado.
—¿Qué están haciendo? ¿Rodeando a mi esposa? No me digan que la están molestando.
El repentino regreso de Rubén provocó reacciones diversas.
Una sonrisa de satisfacción, de quien acierta en su predicción, se dibujó en los labios de Marisa.
A Iria, por otro lado, le brillaron los ojos y comenzó a pasarse la mano por el cabello, coqueteando descaradamente con Rubén.
Rubén frunció el ceño y sus ojos se posaron brevemente en ella.
Iria, por un instante, creyó que la luz la favorecía y que Rubén por fin se había percatado de su belleza, así que sonrió con más ahínco.
Parecía una de esas chicas de bar esperando a que la eligieran.
Al segundo siguiente, Rubén se interpuso entre Marisa y el grupo, apartándola de ellos, y se dirigió a Iria con frialdad:
—Si te pica la cabeza, ve a lavártela, pero deja de sacudirte ese pelo todo maltratado. La gente de la mesa de al lado va a pensar que está nevando aquí dentro por toda la caspa que sueltas.
La sonrisa de Marisa se hizo incontenible.
A veces, Rubén era mordaz y tenía un humor negro.
Y a ella, casualmente, le encantaba esa faceta suya.
Iria tardó varios segundos en reaccionar. Cuando lo hizo, la cara se le puso roja de furia y los labios se le amorataron por la rabia.
Porque sabía, en el fondo de su corazón, que Rubén manejaría la situación a la perfección.
Esa era la seguridad que solo sentía a su lado.
Tras obtener su respuesta, Rubén ocultó sus emociones. Siendo alguien que nunca revelaba sus cartas en una mesa de negociación, disimular lo que sentía ahora no le costó ningún esfuerzo.
Con una sonrisa en los labios, enarcó una ceja y miró a Antonio.
—¿Cuánto decías que ibas a dar?
Para los oídos de Antonio, aquello sonó como que su objetivo estaba a punto de cumplirse. Sonrió complacido. Aunque solía usar su dinero para conquistar mujeres, la de esa noche era una joya excepcional, y estaba dispuesto a pagar por ella.
—¿Cien mil son suficientes?
Rubén soltó una carcajada.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...