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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 609

—¿Que sabes quién soy? ¡No me vengas con cuentos!

—La familia Vargas de Clarosol, ¿no? —replicó Rubén con una leve sonrisa, la curva de sus labios denotaba una confianza absoluta—. Tu padre, Fernando Vargas, empezó como contratista. Y tú, que estudiaste en Solarena, te la pasas presumiendo de ser hijo de un pez gordo de la construcción.

Antonio se quedó helado. Entrecerró los ojos, confundido y furioso a la vez.

—¿Ya me conocías?

—Alguien de tu nivel no es digno de mi atención —dijo Rubén encogiéndose de hombros con naturalidad.

En realidad, estaba siendo generoso.

Con el estatus de Antonio, no solo no estaba a la altura de que Rubén lo conociera, sino que, aunque se esforzara toda su vida, jamás lo estaría.

Ni siquiera su padre, Fernando, tenía el nivel suficiente.

—¿Que mi nivel no es suficiente? —repitió Antonio, temblando de rabia por la humillación—. Entonces, ¿cómo sabes quién soy?

—¿Crees que es difícil para mí averiguar sobre alguien? —contestó Rubén, manteniendo su actitud despreocupada.

Esa inmensa confianza y aire de superioridad irritaban profundamente a Antonio.

—Si crees que mi nivel no es suficiente, entonces dime, ¿cuál es el tuyo? A ver qué tan importante eres.

—¿Tú? —Rubén curvó los labios con desdén—. No mereces saber quién soy.

Esa frase fue la gota que derramó el vaso.

—¡No te hagas el importante, cabrón!

Mientras gritaba, Antonio levantó la botella de vino que tenía en la mano.

Se aseguró de que fuera una que ya estaba vacía.

—Parece un tipo decente, pero no es más que un fantoche —lo azuzó Iria—. Si tanto desprecias al señor Vargas, demuéstralo con hechos, no solo con palabras. No te creas la gran cosa. Tu cara bonita no vale nada comparada con el dinero.

Antonio supuso que el dueño había salido por respeto a él.

Justo cuando se disponía a saludarlo, el hombre lo ignoró por completo y se dirigió directamente hacia Rubén.

Lo hizo con una actitud casi servil, inclinando la cabeza y extendiendo la mano para presentarse.

—Señor Olmo, soy Vicente Díaz, el dueño del Bar DW. Puede llamarme Vicente. Bienvenido, es un honor tenerlo aquí. Lamento mucho que su velada se haya visto interrumpida. Me encargaré de todo para asegurar su completa satisfacción.

La actitud de Vicente dejó al trío de patanes completamente atónitos.

¡Era Vicente Díaz!

Una de las figuras más importantes de Luminosa, cuyos negocios incluían no solo bares, sino también bienes raíces, empresas de entretenimiento y tiendas libres de impuestos.

Las industrias más rentables de toda la ciudad.

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