Entrar Via

El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 621

—Marisa, ¿no crees que es mala idea que tú la contactes? —preguntó Fabiana, frunciendo el ceño.

Podría parecer que Marisa estaba persiguiendo a Macarena.

Macarena acababa de regresar a Clarosol y, de repente, Marisa se le acercaba. ¿Quién sabe qué diría la gente o qué pensaría la propia Macarena?

—No importa —dijo Marisa, restándole importancia con un gesto—. Si vamos a hablar de trabajo, la señorita Cruz es el cliente. Es normal que yo, como proveedora, la contacte.

Fabiana admiraba sinceramente la seguridad de Marisa.

Supuso que era el respaldo de Rubén lo que le daba esa confianza.

Tener a alguien que te apoyara incondicionalmente era, sin duda, una sensación maravillosa.

Pensando en eso, no pudo evitar cotillear un poco.

—Marisa, este viaje a Luminosa fue como una luna de miel con el señor Olmo, ¿no? He oído que es un lugar muy liberal. Ustedes allá…

Fabiana la miró con picardía, moviendo las cejas.

—Fabiana, ¿qué es lo que quieres saber exactamente? —preguntó Marisa con una sonrisa resignada.

—¿No habrán encargado un bebé por ahí? —preguntó Fabiana con una sonrisa traviesa—. Con tu belleza y la genética de primera del señor Olmo, no me quiero ni imaginar lo guapo que sería su hijo…

Al decir esto, Fabiana notó cómo la mirada de Marisa se ensombrecía.

Al principio, pensó que se debía a las complejidades de las familias ricas.

Después de todo, no cualquiera podía dar un heredero a una familia de ese calibre.

Una esposa que agradara a Rubén no necesariamente sería una nuera aceptada por la familia Olmo.

Tanto como empleada como amiga, Fabiana se preocupaba por ella.

Al ver la inquietud en su rostro, Marisa la consoló.

—Fabiana, cuando Rubén se casó conmigo, me dijo que se casaba conmigo, no con un vientre fértil. Ya dejé de preocuparme por eso.

Hizo una pausa y una sonrisa de resignación se dibujó en sus labios.

—Creo que entre las personas hay un destino. Si la conexión es fuerte, caminaremos juntos toda la vida. Si es débil, no se puede culpar a nadie. En esta vida, hay que esforzarse y ya. Obsesionarse o calcular demasiado puede ser contraproducente.

Mientras Fabiana reflexionaba sobre sus palabras, el carro llegó a la residencia.

Marisa sintió que esa noche, en la casa, había una presencia extraña.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló