Marisa soltó una carcajada.
—¿Conocías a Macarena de antes? Estás exagerando, es imposible que le interese Jasmine. Con tantas cosas que podría querer, ¿por qué querría una galería de arte?
La mirada de Davis se ensombreció por un instante.
Tras una pausa, dijo en voz baja:
—Una vez acompañé a mi tío a Vancouver por trabajo y el padre de Macarena nos invitó a cenar. La vi en esa ocasión. Es el tipo de persona que compite por todo, hasta por la comida. No me sorprendería que quisiera quedarse con la galería.
Marisa pensó que Davis estaba exagerando.
Antes del escándalo de divorcio por la infidelidad, la familia Cruz era, sin lugar a dudas, parte de la alta sociedad de Clarosol.
Aunque en los últimos años se habían enfocado en sus negocios en el extranjero debido al escándalo, no habían descuidado sus empresas en el país. De hecho, los negocios de la familia Cruz prosperaban cada vez más.
¿Cómo podría Macarena ser el tipo de persona que se pelea por un bocado en la mesa?
Davis no insistió y se limitó a lo dicho.
Bajó del carro justo después de Marisa.
Una vez fuera, observó el vehículo que ella conducía.
—Te lo regaló Rubén, ¿verdad?
Marisa asintió sin reparos.
—Sí.
—De verdad que no escatima en detalles para complacerte. Recuerdo este carro, es una edición limitada de solo tres en todo el mundo.
Marisa frunció el ceño. Sabía que Porsche era una marca muy cara, pero no tenía idea de que este modelo fuera una edición tan exclusiva.
Davis se encogió de hombros.
—Pero el rosa te queda muy bien, te da un aire tierno y dulce.
Marisa enarcó una ceja y le corrigió con suavidad:
—«Tierno y dulce» es para describir la comida.
Davis no fue tan cortés como Marisa. Se sentó de golpe frente a Macarena y jaló una silla para que Marisa también se sentara.
—Si me interesaran los negocios, no estaría en Clarosol. En Terranova me sobran oportunidades.
Marisa se sentó junto a Davis, frente a Macarena.
Apenas tomó asiento, se dio cuenta de que debía haber algún tipo de rencor entre ellos. La tensión era palpable y ninguno de los dos se mostraba amable.
Macarena continuó con las cejas enarcadas, mirando a Davis con sorna.
—Ah, entonces no le interesan los negocios, ¿sino la señora Olmo?
Davis frunció el ceño y no dijo nada.
Marisa intervino con naturalidad.
—Señorita Cruz, está equivocada. Hoy tuvimos una reunión en Jasmine, y como el señor Mariscal no tenía otros planes al terminar, aprovechó para venir conmigo a tomar un café.
Al mencionar el carro, Macarena giró la cabeza para ver el Porsche de color rosa pastel que acababan de estacionar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...