—Codició esa posición durante tanto tiempo, y un día finalmente la consiguió. Y la mantuvo durante más de diez años. Seguramente llegó a pensar que sería la señora Cruz por el resto de su vida.
En la mirada de Macarena se reflejaba el desprecio que sentía por aquella mujer y, a la vez, una sensación de revancha que había esperado por más de una década.
—Lo que es tuyo, siempre debes protegerlo —soltó un bufido—. Eso me enseñó mi madre, y es en lo que me he convertido.
La lógica de Macarena le pareció a Marisa completamente absurda.
—En primer lugar —respondió con calma—, los problemas de la familia Cruz no tienen nada que ver conmigo. En segundo lugar, Rubén no es un objeto, y mucho menos uno que le pertenezca, así que no se refiera a él como si fuera de su propiedad. Y por último, yo soy la legítima señora Olmo, con todas las de la ley. No tengo nada de qué avergonzarme, así que le pido que no codicie lo que no le pertenece.
Para ser sincera, Macarena no esperaba que Marisa fuera así. Se había informado sobre ella desde que regresó de Canadá. Nacida en una familia de clase media, empezó a estudiar pintura en la secundaria, asistió a la mejor academia de bellas artes de Clarosol, donde fue una figura destacada, y se casó poco después de graduarse. En la opinión de Macarena, era una persona común y corriente.
Había otra razón por la que la consideraba ordinaria: había visto el video de Marisa pintando un grafiti en el Zoológico Arcoíris. Al principio, pensó que a Rubén simplemente le atraía su belleza. Era raro encontrar a alguien que fuera a la vez hermosa y poseyera un gran carisma interior.
Macarena miró de reojo a Marisa, sentada en diagonal frente a ella. A pesar de sus orígenes humildes, Marisa proyectaba una seguridad que muchos herederos ricos y mimados no tenían. Le sostenía la mirada sin soberbia ni sumisión, con una expresión neutral que empezó a incomodar a Macarena.
—Aunque ahora sea la señora Olmo, decir que no debo codiciar lo que no me pertenece es un poco… excesivo, ¿no cree? Hace quince años, hubo un compromiso matrimonial entre la familia Olmo y la familia Cruz.
Una expresión triunfante se dibujó en su rostro.
—El compromiso entre nuestras familias fue la comidilla de Clarosol en su momento. Si de verdad es usted de aquí, seguro que ha oído hablar de ello. No finja que no sabe nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...