Macarena estaba parada fuera de la oficina con una expresión tranquila, pero si se miraba de cerca, se notaba la alegría de la victoria. Observó a Fabiana y Marisa, que acababan de llegar, con una mirada provocadora.
Fabiana se adelantó apresuradamente para detener a los cargadores.
—¿Qué están haciendo? ¿Quién les dio permiso de entrar? ¡Lárguense de aquí!
Marisa sostuvo la mirada de Macarena en silencio. Recordó las palabras arrogantes y seguras que Macarena había dicho en el pasado; parecía que hoy se estaban cumpliendo todas. Al final, parecía que la única necia había sido ella misma.
Macarena arqueó una ceja, miró a Fabiana y entrecerró los ojos con disgusto.
—Yo les permití entrar. ¿Algún problema? ¿Necesito pedirle permiso a la directora de arte?
Fabiana le devolvió una mirada feroz.
—El plazo del acuerdo de apuestas aún no termina. Incluso si ganas, si quieres tirar las cosas de la señorita Páez, tendrás que esperar hasta mañana.
Macarena soltó una risa repentina.
—Pensé que eras más dura. Ah, es cierto, tienes razón. El acuerdo entra en vigor mañana. Me estoy precipitando un poco. Pero ya sabes, no me gusta perder el tiempo. Además, tampoco me gusta tener subordinados tan tercos como tú.
La insinuación de Macarena era obvia. Tomar el control de Jasmine era solo cuestión de tiempo, y una vez que lo hiciera, la primera persona a la que despediría sería a Fabiana.
Marisa jaló a Fabiana hacia atrás para protegerla. Luego, levantó la vista lentamente hacia Macarena.
—Señorita Cruz, ¿podemos hablar un momento a solas?
Macarena mantuvo una sonrisa insidiosa en la comisura de los labios. Un instante después, esa sonrisa se volvió más amplia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...