Dentro de la sala VIP, que contaba con un enorme ventanal de piso a techo, Marisa se quedó maravillada.
La iluminación y la decoración eran tan exquisitas que no parecía una simple sala de descanso del centro de convenciones, sino la suite presidencial de un hotel de siete estrellas.
El mesero la siguió y comentó con una sonrisa.
—Esta sala VIP normalmente está cerrada al público. Hoy la habilitamos porque vino un invitado muy importante al evento.
A Marisa no le importaban los invitados importantes. Bajó la vista hacia las manchas en su conjunto blanco y negro, pensando en cómo limpiarlas.
El mesero notó su preocupación y trató de tranquilizarla.
—Señorita, no se preocupe. En la sala hay pijamas cómodas y también contamos con una lavasecadora. Solo tiene que poner la ropa en la máquina, tomar un baño y, para cuando termine, su ropa estará lista.
Marisa respiró aliviada, verdaderamente impresionada.
—De verdad, este lugar supera todas mis expectativas.
El mesero, un típico habitante alegre de Terranova, bromeó antes de retirarse.
—Como dicen, no hay mal que por bien no venga. Se ensució la ropa, pero al menos pudo conocer esta maravillosa sala. No está tan mal.
Marisa asintió, dándole la razón.
Definitivamente, prefería robarse un momento de paz aquí que estar lidiando con colegas en el salón principal, fingiendo cortesía.
El mesero salió y cerró la puerta.
Al escuchar el clic de la cerradura, Marisa revisó el armario y encontró una pijama ligera, limpia y bastante de su estilo.
Se quitó la ropa manchada y se dirigió al baño.
Para su sorpresa, la sala contaba con una bañera, igual que una suite presidencial.
Sin embargo, apenas puso un pie en el baño, su teléfono comenzó a sonar incesantemente.
—Mamá, Rubén está muy ocupado, no creo que pueda contestar ahora.
Yolanda fue insistente, claramente aterrorizada por las palabras del vidente, quien les advirtió que si Rubén no lograba superar esa crisis, no pasaría de este año.
Víctor intervino desde el fondo.
—Marisa, dile a Rubén que nos devuelva la llamada en cuanto se desocupe. Tenemos cosas importantes que decirle.
Marisa suspiró resignada.
—Está bien, yo le aviso.
Colgó el teléfono y pensó que lo más fácil sería pedirle a cualquier hombre que se hiciera pasar por Rubén para salir del apuro.
Pero luego descartó la idea. Sus padres no eran tontos. Si notaban algo raro en la voz, se descubriría toda la farsa que había estado ocultando.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...