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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 795

Marisa respiró hondo y volvió al baño.

La bañera ya estaba llena. Se sumergió en el agua tibia, relajándose por un instante.

Apoyada tranquilamente, el simple sonido del agua era reconfortante.

La luz del sol se filtraba por las persianas, dibujando franjas doradas sobre la piel blanca de sus brazos.

Entrecerró los ojos, disfrutando del calor como un gato tomando el sol en invierno.

Sin embargo, esa tranquilidad se esfumó por un ruido repentino.

El sonido de la puerta abriéndose resonó en la habitación.

Marisa abrió los ojos de golpe, se cubrió el pecho instintivamente y elevó la voz, alerta.

—¿Quién es? ¿Es el mesero? No necesito nada más...

Por un segundo, pensó que tal vez Noé se había preocupado y había ido a buscarla.

Fijó la vista en la cerradura del baño. Al entrar, no le había puesto seguro, pensando que nadie entraría.

Si de verdad era Noé y entraba de golpe, la situación sería increíblemente bochornosa.

Salió corriendo de la bañera, tomó la pijama que colgaba a un lado, se abalanzó hacia la puerta y echó el cerrojo. Solo entonces su corazón se calmó un poco.

Un tenue aroma a sándalo y pino se coló por la rendija.

Acompañado de pasos sutiles, se escuchó el rítmico golpe de un bastón contra el suelo.

Marisa se extrañó. ¿Acaso era Rubén?

¿Cómo iba a ser posible?

Hasta que escuchó una voz grave y pausada del otro lado de la puerta. Era el inconfundible tono de Rubén.

—Señorita Páez, soy yo. —Como si temiera que no lo reconociera, hizo una pausa y añadió—: Rubén Olmo.

Marisa tomó una gran bocanada de aire.

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