Los árboles frondosos en el jardín de la familia Olmo se mecían con el viento. Una ráfaga levantó una hoja seca, haciéndola girar en el aire antes de caer lentamente.
Carlos tardó unos segundos en procesar el significado de las palabras de Valentina, pero cuando lo hizo, una desolación infinita ensombreció su mirada.
Tomó una respiración profunda, con el rostro tenso, y momentos después, dejó escapar el aire con pesadez.
—¿Acaso nosotros tuvimos la culpa? —reflexionó Carlos en voz alta—. Lo consentimos tanto desde que era un niño, que se acostumbró a hacer siempre su voluntad, hasta llegar a este punto...
Los ojos de Valentina ya estaban empapados en lágrimas. Le ordenó a Sofía que preparara el equipaje de inmediato; saldrían para Zúrich.
Al ponerse de pie, clavó la mirada en su esposo.
—Carlos, recuerdo muy bien que desde pequeño, Rubén demostró tener un talento que lo separaba por completo de los demás jóvenes de su entorno. Rara vez nos dio dolores de cabeza. Su camino fue tan perfecto que ambos sentíamos que nos habíamos ganado la lotería. Cuando tomó las riendas del Grupo Olmo y lo llevó a cimas que nunca imaginamos, rebosábamos de orgullo. No es momento de arrepentirnos por haberlo mimado demasiado.
Zúrich.
José apretaba la tarjeta magnética en su mano. Con la frente perlada de sudor, miraba la puerta de la suite del hotel sintiendo que el frío le calaba los huesos.
Deslizó la tarjeta y abrió.
Lo primero que vio fue al hombre en el sofá. Jamás lo había visto en un estado tan deplorable. Esos ojos oscuros que siempre brillaban con imponente autoridad, ahora estaban a medio abrir, vacíos de su habitual vitalidad.
Yacía allí, con un hilo de voz, aferrándose apenas a la conciencia. Solo esa imagen bastó para que el corazón de José diera un vuelco de terror.
Corrió hacia él, desesperado por ayudarlo a levantarse, pero en cuanto se inclinó, las primeras palabras de Rubén fueron un susurro ahogado.
—Baja la voz, no despiertes a Marisa.
En ese momento, lo que más le aterraba era que Marisa descubriera en qué estado se encontraba.
José ralentizó sus movimientos. Con extremo cuidado, sostuvo a Rubén y pasó el brazo del hombre sobre sus propios hombros.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...