El corazón de Marisa dio un vuelco.
Las palabras de Sabrina la llenaron de ansiedad, pero se sentía inútil.
Después de todo, con sus recursos, era poco lo que podía hacer para ayudar a una corporación como el Grupo Olmo.
Sabrina, notando que la había asustado, se apresuró a consolarla.
—Marisa, no te mortifiques. Rubén ha superado tormentas peores a lo largo de los años, todos conocemos de lo que es capaz.
Marisa asintió con un leve murmullo.
En el mundo empresarial, todos decían que Rubén Olmo gobernaba con puño de hierro, que era un león implacable.
Pero en ese instante, ella era quien más temía por él.
Sabía perfectamente que, por muy extraordinario que fuera, seguía siendo un hombre. Tenía momentos de debilidad, momentos en los que sentía que el mundo se le venía encima.
Marisa se despidió de Sabrina y colgó.
Se quedó de pie frente al ventanal de la suite, dejando que el sol de Zúrich bañara su piel.
Miró la conversación con Rubén en su teléfono y, con un suspiro, le escribió un mensaje mucho más suave.
*Rubén, si tienes cosas urgentes que resolver, hazlo tranquilo y búscame cuando termines. Me quedaré en el hotel todo este tiempo.*
Si no podía ayudarlo, al menos no quería ser un estorbo.
Decidió quedarse tranquila esperando.
En cuanto volvieran a Clarosol, se dedicaría en cuerpo y alma a administrar Jasmine.
Tomaría estos días simplemente como unas vacaciones para despejar la mente.
Pero se pasó toda la tarde mirando el teléfono, incapaz de calmar sus pensamientos.
Al caer el sol, salió a caminar por la orilla del Río Limmat. Siguió a la multitud hasta llegar a la Avenida Bahnhof, rodeada de gente y lujosos escaparates. De repente, como si una venda hubiera caído de sus ojos, marcó el número de Sabrina.
Un hombre jamás se preocuparía así por una mujer que no le importa.
Sabrina captó el detalle al vuelo.
—Vaya, Marisa, ahora usas cualquier truco. Con tal de que te viera, te fuiste a mojar bajo la lluvia. ¡Si te enfermas, le iré a contar a tu madre!
Marisa parpadeó, emocionada.
—Sabrina, eso no es lo importante. ¡Lo importante es que sé por qué actúa así!
La repentina revelación la tenía al borde de la euforia.
La curiosidad de Sabrina despertó.
—¿Ah, sí? ¿Y por qué?
—¡Seguro el Grupo Olmo enfrenta un problema gravísimo! Rubén no quería arrastrarme con él y por eso me pidió el divorcio. ¿Recuerdas que, cuando me presentó los papeles, me dejaba una inmensa fortuna?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...