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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 904

El corazón de Marisa dio un vuelco.

Las palabras de Sabrina la llenaron de ansiedad, pero se sentía inútil.

Después de todo, con sus recursos, era poco lo que podía hacer para ayudar a una corporación como el Grupo Olmo.

Sabrina, notando que la había asustado, se apresuró a consolarla.

—Marisa, no te mortifiques. Rubén ha superado tormentas peores a lo largo de los años, todos conocemos de lo que es capaz.

Marisa asintió con un leve murmullo.

En el mundo empresarial, todos decían que Rubén Olmo gobernaba con puño de hierro, que era un león implacable.

Pero en ese instante, ella era quien más temía por él.

Sabía perfectamente que, por muy extraordinario que fuera, seguía siendo un hombre. Tenía momentos de debilidad, momentos en los que sentía que el mundo se le venía encima.

Marisa se despidió de Sabrina y colgó.

Se quedó de pie frente al ventanal de la suite, dejando que el sol de Zúrich bañara su piel.

Miró la conversación con Rubén en su teléfono y, con un suspiro, le escribió un mensaje mucho más suave.

*Rubén, si tienes cosas urgentes que resolver, hazlo tranquilo y búscame cuando termines. Me quedaré en el hotel todo este tiempo.*

Si no podía ayudarlo, al menos no quería ser un estorbo.

Decidió quedarse tranquila esperando.

En cuanto volvieran a Clarosol, se dedicaría en cuerpo y alma a administrar Jasmine.

Tomaría estos días simplemente como unas vacaciones para despejar la mente.

Pero se pasó toda la tarde mirando el teléfono, incapaz de calmar sus pensamientos.

Al caer el sol, salió a caminar por la orilla del Río Limmat. Siguió a la multitud hasta llegar a la Avenida Bahnhof, rodeada de gente y lujosos escaparates. De repente, como si una venda hubiera caído de sus ojos, marcó el número de Sabrina.

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