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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 908

Marisa sintió que el corazón se le encogía, y una profunda angustia la invadió.

¿Tan grave era lo de su pierna? No lo parecía en absoluto.

Se reprochó a sí misma en silencio. Cuando las noticias hablaron de su accidente, y ella lo vio en persona, le restó importancia. Incluso había bromeado con Sabrina diciendo que su bastón de madera parecía más un accesorio de moda que una necesidad médica.

Ahora, sentía una vergüenza infinita por haber pensado así.

Él estaba sufriendo, y de gravedad.

Respiró hondo. Cuando Rubén saliera del quirófano, le pediría perdón de rodillas si era necesario.

José la guio hacia la sala de espera frente al quirófano más aislado del pasillo.

Luminoso, inmaculado, envuelto en un silencio solemne.

Esa fue la primera impresión que Marisa tuvo del último piso.

La vez anterior que estuvo en la clínica, no había subido hasta allí.

José comenzó a explicar.

—El último piso de la Clínica Santa Regina es una instalación privada que el señor Olmo adaptó para su equipo médico personal. Cuentan con la tecnología más avanzada del mundo y los recursos médicos más exclusivos. El equipo del señor Olmo está compuesto por trece especialistas de élite...

Mientras lo escuchaba, la duda de Marisa solo se hizo más grande.

¿Por qué alguien que solo sufrió una fractura en un accidente automovilístico necesitaría semejante despliegue de recursos médicos?

Pero luego lo racionalizó. La familia Olmo era inmensamente rica. Seguramente esas instalaciones estaban pensadas para cualquier emergencia de la familia, no solo para él.

—Señorita Páez, ¿prefiere esperar aquí afuera o en la sala de descanso?

Marisa respondió de inmediato.

—Esperaré aquí.

José dudó. Quiso advertirle que la espera sería muy larga, pero no quería asustarla más de lo necesario.

—En la sala de descanso hay café y té caliente. Sería mejor esperar allá.

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