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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 919

No supo cuánto tiempo permaneció aquel interruptor apagado.

En medio de esa confusión sombría, sentía que alguien lo guiaba hacia un lugar desconocido.

Flotaba a la deriva en una oscuridad absoluta, hasta que un rayo de luz cegadora le golpeó el rostro, devolviéndole de golpe todas las sensaciones.

La conciencia regresó primero a través del sonido.

Pudo escuchar las instrucciones precisas del profesor Wagner, sintió los puntos en su pecho y percibió una mirada cálida que nunca se apartó de él.

Y entonces, llegó el dolor.

Un dolor punzante, profundo, como si unas manos gigantescas apretaran y soltaran su corazón a su antojo.

En ese instante, supo que estaba vivo.

El roce de un mechón de cabello en su nariz lo sacó de sus pensamientos. Le hizo cosquillas, pero amó esa sensación.

Esa sutileza era lo más real y tangible del mundo.

—¿Por qué viniste a la Clínica Santa Regina? ¿Te lo dijo José? ¿O mis padres? —preguntó, frunciendo el ceño por el cansancio de hablar tanto.

Marisa se acomodó mejor en la cama y apartó el mechón rebelde.

—Le dije a José que ya lo sabía todo sobre tu estado de salud, y él solito me confesó que estabas aquí.

Rubén la miró con sorpresa.

—¿Pero cómo lo supiste? ¿Acaso... esa noche te diste cuenta de algo?

Él juraba que había actuado con total normalidad.

Marisa soltó una carcajada y decidió bromear con él.

—¡Exacto! Fuiste un desastre en la cama esa noche, no diste la talla. ¡Sabía que algo andaba muy mal!

El rostro de Rubén se ensombreció de inmediato.

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