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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 918

Se miraron en silencio durante casi un minuto; ninguno de los dos se atrevía a romper el hielo.

Simplemente se contemplaban.

El sol del mediodía entraba a raudales, cayendo directamente sobre los párpados de Rubén.

Él parpadeó, encandilado por la luz.

Sin prisa, Marisa caminó hacia la ventana y cerró una de las cortinas. Dejó que entrara luz suficiente para iluminar la habitación, pero cubrió el ángulo que le molestaba a él.

Rubén entreabrió los labios, ahora mucho más pálidos que de costumbre.

—Gracias.

Su voz sonó profunda y rasposa.

Marisa se dio la vuelta y lo observó a contraluz.

Se veía exhausto, frágil.

Era una faceta que ella casi nunca le había visto.

En su mente guardaba cien reproches distintos, pero al abrir la boca, su tono solo reflejó una compasión inmensa.

—¿Te duele mucho?

Rubén se quedó atónito por un segundo, antes de esbozar una débil sonrisa.

—La incisión duele un poco. Así que si piensas darme una paliza, por favor evita esa zona, ¿sí?

Marisa quiso reír, pero no pudo. Sus labios temblaron, formando una mueca entre la risa y el llanto.

Se sentó con cuidado en el borde de la cama, mordiéndose el labio inferior, incapaz de apartar la mirada de él.

Él le sostuvo la mirada, atrapado en la intensidad de sus ojos.

Pasó tanto tiempo que Rubén no aguantó más.

—Marisa... me va a dar tortícolis de tanto mirarte así.

Ella sonrió, aunque sus ojos seguían húmedos.

—Pues no me mires.

Él negó con la cabeza lentamente.

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