Todo estaba mal, notó Estefania de inmediato.
Como estudiante de derecho, conocía de memoria el procedimiento penal básico: el registro formal en recepción, la lectura clara de sus derechos, la notificación inmediata a la fiscalía de guardia y la declaración previa ante un instructor procesal antes de determinar cualquier medida cautelar.
Sabía bien que, en un caso de supuesta agresión sin flagrancia ni riesgo de fuga, lo legal era mantenerla en una sala de comparecencia a la espera de sus abogados.
Sin embargo, se saltaron todos los pasos.
Sin permitirle una sola llamada, sin redactar el acta frente a ella ni pasarla por el despacho del oficial a cargo, dos agentes la escoltaron a tirones por un pasillo oscuro, cuyo olor a humedad y antiséptico barato le revolvió el estómago al instante.
—Estoy embarazada —les plantó cara—. ¿Tienen idea de lo que les pasará si algo me sucede a mí o a mi hijo?
—Es el procedimiento con detenidos por agresiones graves —espetó el oficial que la sujetaba del brazo, sin siquiera mirarla.
—¡Mentira! —gritó, intentando soltarse—. ¡Tengo derecho a una llamada y lo saben perfectamente!
La lanzaron entonces al interior de una celda.
—Si de verdad no quiere que le pase nada a su bebé, intente ser paciente —soltó el hombre, cerrando la puerta. La indolencia en su tono era más que clara—. Hasta no recibir órdenes diferentes, se va a quedar aquí.
Ella no pudo evitar correr, desesperada hacia la puerta, aferrándose a los barrotes.
—¡Sáqueme de aquí inmediatamente! —gritó. De solo recordar la cara de aquella chica mimada, sentía que se moría de la rabia. No podía permitir que ganara—. ¡No tienen ni la menor idea de quién es mi esposo!
Justo recordó que Cristian ya no era su esposo. Pero el bebé seguía siendo de él, ¿cómo iba a dejar que algo malo les pasará?
—Recuerdo que hace un momento en la patrulla dijo que no estaba casada —se burló el oficial desde la distancia, sin detener sus pasos que se alejaban cada vez más.
Sintió una mezcla de frustración y vergüenza, arderle las mejillas.
Era verdad; en el trayecto, cuando intentaron intimidarla, les había respondido tajantemente que era soltera.

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