SIGRID
— Lo mismo que querías hacerle tú, hermanita, Electra, esta aquí adentro encerrada – me señalé el pecho de manera teatral.
A nuestro alrededor el fuego devoraba todo a su paso, el calor abrazador sacaba vapor de nuestras bocas y iluminaba nuestro enfrentamiento.
— Qué dolor ver cómo tu hermana preferida quería cortarte la cabeza.
— ¡Lo sabía, sabía que Electra nunca podría traicionarme! – me gritó, ya no se veía tan elevada y segura.
— ¡Debí sospechar que trabajabas para la maldit4 de la Reina! Pero conozco a la Reina y a la princesa, ¿cuál Selenia eres? ¡No me digas…! ¡¿no me digas que eres Juno?! — dio un paso atrás con evidente alarma.
— ¡Se suponía que ya no interferirías en las decisiones del Reino, que te irías a morir en paz, vejestorio!
Vaya, parece que la primera Selenia aún vivía, que revelación.
Y claro, recordé que ella parecía haber sido la primera elegida para sellar la prisión de Umbros, así que tenía sentido.
Juno, la Reina actual y Renata, eran las tres Selenias existentes, parece que Juno se había retirado a vivir tranquila, debía ser ya una vieja pasa.
— ¿Y qué si soy Juno, o Electra, o Juana? Igual vas a morir y ya me hartó tu palabrería – di un paso adelante con las llamas renovadas.
Sabía que solo estaba ganando tiempo… tiempo para Drusilla, que al fin dejó de esconderse como la cobarde que era.
Morgana explotó de repente su magia y miles de sombras serpentearon por el suelo en mi dirección, rápidas, casi no se podían seguir con la vista.
Me enredaron en segundos los pies.
Que manía de crear bichos tan repugnantes, justo como ella.
Iba a quemarlos hasta morir cuando escuché el sonido cortando el viento desde mi espada y por el frente.
Ambas me atacaban a la vez con hechizos asesinos, eran flechas negras veloces directo al cuerpo de Electra, que supuestamente no se podía mover.
Miré a los ojos viciosos de Morgana, el regocijo en ellos, la malicia, pronto se convirtió en terror cuando le sonreí directo en su cara.
A centímetros de atravesarme las flechas, manipulé su propia magia negra y desaparecí, creando un vacío en el suelo.
— ¡AAAHAHHH! – escuché el grito de agonía de Drusila.
Al estar a mi espalda acechando y yo desaparecer de repente, el ataque de Morgana le acertó de frente.
La vi, llevándose la mano al pecho donde flechas negras se habían enterrado.
Miró a Morgana con incredulidad y odio en las profundidades de sus orbes.
Siempre la había aborrecido, la hermana del medio, la más despreciada y humillada.
Quiso dar un paso adelante con la mano extendida, posiblemente maldiciendo a Morgana en silencio, pero su cuerpo no le respondió.
La vi caer de espalda, atravesando las cortinas en llamas hacia el salón, el humo negro la cubrió, sumiéndola en la oscuridad.
Quería ir a comprobar su muerte, pero aún tenía un problema entre manos.
Aparecí de momento detrás de Morgana con un puñal en la mano, pero ella ya estaba alerta y totalmente enfurecida.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...