NARRADORA
Aldric se giró, observando la niebla oscura que comenzaba a moverse agitada.
Remolinos se formaban en su interior, subiendo al cielo y empezando a cubrir lo que estaba sobre sus cabezas.
La luz del día, de repente, pareció ser absorbida por las tinieblas; solo quedaban oscuridad y miedo, odio y venganza.
Las aguas del lago se movieron turbulentas, comenzaron a ennegrecerse, como venas que aparecían en la superficie formando telarañas.
El lago se solidificó, a endureciéndose, y era la última barrera que los separaba de lo que fuera a salir de esa prisión.
"Azarot, debemos darle todo el tiempo posible a nuestra cachorra”
Aldric se elevaba sobre la colina, sus ojos grises como el vendaval miraron entonces hacia una dirección en la retaguardia, lejos del peligro de la avanzada, detrás del ejército.
Allí estaban las tres Selenias, esperando su momento.
Él y su ejército debían darles tiempo.
“¿Y si no lo logra, Aldric? No la veré en peligro sin hacer nada.”
“Si no lo logra, solo podemos enfrentarnos al Rey de los Espectros. Por el bien de todos, espero que recuerde a su mate”
*****
—¡Madre!
—¡No dejes tu posición, Valeria! ¡Por nada en este mundo la dejes! —Gabrielle le gritó a su hija cuando esta hizo por acercársele.
El pecho le dolía, aguantando y aguantando tantos años, desgastándose.
No daba más.
Estaban sobre la pendiente de una montaña lejana, un terreno despejado con unas vistas panorámicas hacia todo el enfrentamiento.
Valeria miraba preocupada a su madre y, más aún, a su hija.
Le rezaba a la Diosa para que, por favor, perdonara de una vez los pecados de las Selenias.
Aquí nadie estaba a salvo de manchas y equivocaciones, ni siquiera la Deidad.
—Estoy bien, Valeria. No te desconcentres o esto puede salir muy mal —Valeria asintió con valentía.
—¡Sigrid, prepárate! Recuperaré toda la energía de las Selenias, y luego tu madre y yo te la daremos a ti —Gabrielle le dijo a su nieta, que estaba en una posición frente a ellas.
Sigrid apretó los puños, más que convencida.
Las tres formaban un triángulo, y Sigrid era el vórtice pegado al borde, la punta de la lanza.
Sus ojos fijos en el horizonte oscuro y hostil.
De un momento a otro, Gabrielle comenzó a recitar cánticos ancestrales.
La magia dorada y negra se arremolinó en a su alrededor, y bandadas de cuervos aparecieron de la nada, volando en círculos sobre las Selenias, sobre los guerreros, graznando alertas y amenazantes.
El peligro se acercaba.
«¡Kryssal an'thor ma'el, Selenia venath mor tallen sa'vir! ¡Selenia venath mor tallen sa'vir! ¡¡Tallen sa'vir!!»
Gabrielle invocaba de regreso el poder de cientos de Selenias, una y otra vez las llamaba a casa.
Quinn la escuchaba convertido en su fuerte lycan, con el corazón en un puño, dándole toda su fortaleza a través del vínculo de su amor.
El sol se opacó por completo.
Entre nubes de tormentas comenzaron a aparecer rayos plateados de luna, forzando su irrupción y rompiendo la oscuridad.
Las voces de Valeria y Sigrid se unieron a la de la antigua Selenia.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...